Odio el verano. Hace un calor tan sofocante, que no puedo considerar que esto sea una mañana de principios de julio. Eso fue lo pensé mientras esperaba el tren en la estación. La intensa luz del sol y el incesante cantar de las cigarras ya me tenían harto. De pronto, en medio del bullicio de las cigarras, una campanilla sonó en un altavoz, dando paso a un anuncio:

Eeh, lamentamos informar que el tren tendrá un retraso significativo ya a que ha entrado en contacto con un ciervo. Disculpen las molestias y les pedimos por favor, ser pacientes

 El viejo altavoz, que estaba conectado a un poste de teléfono, finalmente emitió un zumbido, luego un sonido cortante y finalmente acabó con el anuncio. No otra vez… Ya hastiado de eso. El mes pasado también se retrasó por culpa de un jabalí.

Yo estaba esperando en una plataforma de una sola pista de rieles con el mar en frente y las montañas a mis espaladas. Eso que acababan de anunciar, era algo que pasaba muy a menudo en la línea que me llevaba hacia mi academia. Esa estación era conocida como una de las más recónditas de la prefectura.

La verdad es que, llegar tarde a la escuela no me molestaba mucho, o más bien, me sentía afortunado por eso. El problema es que, tenía que estar esperando bajo el sol. El contacto con animales en las vías, podía significar un retraso como mínimo de unos dos minutos, pero también cabía la posibilidad que fuese hasta una hora. El anuncio del altavoz había dicho que el tren tendría un “retraso significativo”, lo que -según mi experiencia- significaba que tendría que esperar al menos una media hora más.

Me sentí deprimido cuando pensé que tendría que pasar tanto tiempo esperando bajo ese sol abrasador.

—Qué calor…

Me sequé el sudor que escurría por mi sien, usando la parte superior de la manga de mi camisa. Esa estación no tenía empleados y ni siquiera tenía una barrera automática de boletos, así que mucho menos iba a tener algo como un espacio con aire acondicionado. No tuve más remedio que refugiarme del sol, trasladándome a una banca de madera que por lo menos, tenía un techo. A la par, había otra banca del mismo estilo donde dos chicas que asistían al mismo instituto que yo, conversaban tranquilamente.

—¡Genial! Nos saltaremos la clase de gimnasia de la primera hora.

—Si, pero… ¿No sientes lastima por el pobre ciervo?

—Bueno, es la ley del más fuerte ¿No?

No parecían estar de acuerdo en lo que hablaban, pero ambas reían amenamente. Esa escena era algo habitual allí. Traté de no interferir con ellas, y me senté en la banca desocupada. Desabroché el primer botón de mi camisa y me recliné en el respaldo abriéndome un poco el cuello.

En ese instante, un aire tibio sopló llevando un olor salino proveniente del mar a mis fosas nasales. Podía ver un ligero acantilado marino al otro lado de las vías, y también un horizonte difuminado en donde el azul del mar se hacía más intenso en proporción a la blancura del cielo a medida que se hacían más distantes. La superficie del océano se balanceaba en silencio reflejando los rayos del sol. Había algo en el mar durante la mañana, que me hacía sentir como si acariciaran mis sentidos. Era relajante como ver la luz de una vela o el correr del agua en un arroyo. Jamás me cansaba de mirarlo. Es más, cada vez me sentía aún más atraído y extrañamente muy cómodo con eso.

Después de mirar el paisaje por un rato, me di la vuelta para mirar un reloj que estaba colgado en un pilar. La hora marcaba las 8:30 AM. Incluso si el tren hubiese llegado en ese preciso momento, habría tardado unos 20 minutos en llegar a la próxima estación que era la más cercana a la academia. Las clases iban a comenzar en cincuenta minutos, así que la llegada tardía estaba más que asegurada. Cerré mis ojos en ese momento, y me dispuse a dormir un poco mientras esperaba, pero de pronto…

—¿Has oído hablar del túnel de “Urashima”?

Mis oídos se agudizaron ante una palabra con la que no estaba familiarizado. Eran las chicas sentadas a mi lado las que hablaban de eso.

 —¿Qué es eso? ¿Alguna especie de lugar mágico?

—Es un poco diferente. No es algo con base científica eso es seguro. Es, como una leyenda urbana.

—¿De miedo?

—Nada más un poquito.

—No. Sí es de miedo, no quiero oírlo.

—Tranquila. No es como si te fuera a salir un fantasma ni nada por el estilo. La historia dice que, si entras al Túnel de Urashima, puedes obtener cualquier cosa que desees. 

—¿Lo que sea?

—Lo que sea.

—Huh… ¿Y eso es todo?

—Aquí es donde la historia se pone un poquito tenebrosa. Una vez que consigas lo que sea que quieras, te gustaría ir a casa ¿Verdad? Pero, resulta que no podrás salir del túnel de Urashima sin pagar un precio.

—¿Qué clase de precio?

—Pues, de alguna manera te vuelves viejita de inmediato.  

—¿Hablas de entregar tu juventud a cambio de una ambición?

—¡Exactamente!

—Ciertamente da un poco de miedo.

—Lo sé.

Hablando de cosas terroríficas, hace tres días encontré una gigantesca araña en mi habitación, pero bueno… La historia de esas chicas, era una gran manera de tener una mejor idea de lo que está pasando en tu vida. Tomé la moraleja y la guardé en mi cerebro como si estuviera tomando un periódico que alguien más había tirado a la basura. Con que el túnel Urashima… ¿Eh? Consigues todo lo que quieres una vez que entras, pero a cambio te haces mayor. Era la primera vez que escuchaba esa leyenda urbana. Posiblemente estuviese basada en Urashima Taro*. Una historia donde puedes conseguir lo que sea es un poco cliché, aunque lo de envejecer prematuramente, era nuevo para mí. Me pregunto qué pasaría si una persona que busca la juventud, entrara en el túnel de Urashima. ¿Acaso volvería a envejecer justo en el momento en que rejuveneciera? En ese caso, si lo que deseara fuese una medicina que lo rejuveneciera, ¿Podría ir y venir tantas veces como quisiera como si fuese inmortal o algo así?

<<Traductor Ore no Honyaku: Urashima Taro es el protagonista de una historia tradicional de Japón. >>

Abrí los ojos justo cuando llegué a la conclusión de que la frase «lo que sea», tenía que usarse con más cuidado.

Cuando el tren finalmente llego, miré de nuevo el reloj. Había pasado un poco más de media hora. La verdad no sentí para nada el tiempo. Talvez porque estaba meditando en todo eso mientras yacía soñoliento. Como el tren había machacado a un ciervo, cuando llegó a la estación, había sangren en la parte delantera lo cual no era habitual. Entonces, me subí por la parte trasera del vagón. El interior, tenía aire acondicionado y estaba tan cómodo que yo suspiré aliviado. Mi cuerpo estaba ardiendo, pero me enfrié en poco tiempo. Me senté un buen lugar, y tan pronto como las puertas se cerraron con un sonido presurizado, el tren comenzó a moverse.

 “Gracias por utilizar nuestro servicio. Nos disculpamos sinceramente por el retraso”

Ah, por cierto, mientras escuchaba el anuncio en el altavoz del tren, me acordé que ese día, aparentemente iba a llegar un estudiante nuevo a mi clase. La preparatoria de Kazaki quedaba cerca de la estación donde me iba a bajar. Todos los chicos y chicas del pueblo asistían allí. Excepto aquellos que eran muy estúpidos o aquellos que eran estudiantes de elite. A menudo, podías ver mapaches o zorros deambulando por el patio, pero fuera de eso, era una preparatoria como cualquier otra. Solo tenía unos cuantos edificios viejos.

Cuando llegué, me cambié los zapatos en la entrada y me dirigí al salón de la clase 2-A. Ya era hora de recreo, así que había varios estudiantes en el pasillo. Subí las escaleras y cuando entré al pasillo me sorprendí de algo. Había una gran multitud de estudiantes reunidos frente al salón de mi clase.  Me pregunté si alguien había roto un cristal de la ventana o algo así, pero inmediatamente intuí que a lo mejor era porque habían ido a ver al estudiante transferido. Escuché que era una chica, pero cuestioné si era lo suficientemente linda como para atraer tanta atención.

Me abrí paso entre la multitud de estudiantes para poder entrar al salón e inmediatamente me enteré de quien era.

Las chicas en la preparatoria de Kazaki, llevaban uniforme de estilo marinero, pero ella, llevaba uno con una falda jumper que la hacía resaltar mucho. Lo más probable es que aún no tuviese listo su nuevo uniforme. A simple vista, solo su ropa era lo único distinto a las otras chicas. Sin embargo, había algo más en ella que la hacía resaltar más que su ropa. Su rostro, definitivamente era muy lindo. Su cabello era negro, largo y liso. Le daba un aura de adulta a simple vista, pero sus grandes ojos almendrados, daban un sensación gentil y agradable. Era una vista muy pintoresca verla allí sentada muy erguida disfrutando de la lectura. Era igual, o incluso más hermosa que Kawasaki-san, que tenia la fama y el título de ser la chica más linda de la clase. Sin embargo… algo andaba raro. Tal vez era por su hermoso semblante, pero había una atmósfera un poco inapropiada. Es decir, ella era el tema de conversación del momento. Una nueva estudiante. Pero, nadie parecía querer hablar con ella. Solamente se dedicaban a observarla de lejos.

Una vez dentro del salón, busqué mi asiento.

—Que tal, Kaoru.

—Ah, Buenos días.

El que me habló, era un compañero de clase. Un chico alto y de pelo castaño. Su nombre, era Kaga. A simplemente vista, podía parecer todo un deportista, pero estaba en el club de caligrafía y sus pasatiempos eran los que tendría normalmente un intelectual.

—¿Se retrasó el tren?

—Sí.

—Ha paso muy seguido últimamente. Siento un poco de envidia de que te pasen esas cosas porque a mí me toca venir a clases en moto.

—¿En serio? No tiene nada de bueno. Hace calor en el verano y frio en el invierno.

—El clima no cambia solo porque venga en motoneta.

—Tienes razón.

En ese momento, Kaga volteó a mirar a la estudiante transferida y dijo:

—No creo que los trenes en Tokio atropellen animales.

—Claro que lo hacen.

—¿En serio?

—Si, pero con personas.

—Siempre dices cosas raras. —Dijo Kaga frunciendo el ceño.

No estaba seguro de lo que me quiso decir, pero bien podría haber sido algo inescrupuloso de mi parte, así que cambié el tema.

—¿Por qué mencionaste Tokio? —Le pregunté.

—Hamasen dijo que la chica nueva viene de allí.

Hamasen era una forma abreviada de decir Hamamoto-sensei. Ella era nuestra maestra encargada que estaba apenas en su primer año en la labor. Aunque no era atractiva.

—Jee, así que es de Tokio…

—Qué mal ¿Verdad? Tener que mudarse de la capital hacia un pueblo en medio de la nada…

Mientras me reía ligeramente, observé a la estudiante nueva.

—Entonces algo anda mal después de todo.

—¿Qué quieres decir? —Preguntó Kaga.

—Solo mírala. Es una estudiante nueva y aun así la han aislado.

Kaga de pronto se impresionó por lo que dije.

—¿Por qué te importa tanto? ¿Acaso te gustó? Es cierto que es linda, pero…

—No, no es eso. 

—Ella dijo que se llamaba Hanashiro Anzu —Mencionó Kaga.

Asentí y continué con la conversación.

—Parece tener una personalidad agradable.

Kaga comenzó a hablar de manera muy interesada. Me contó que Hanashiro Anzu se había mudado a Kazaki por razones familiares. Que era la primera vez que ella había tenido que transferirse de una escuela, y dijo también que cuando Hamasen la presentó, le pidió que dijera unas palabras, pero ella respondió que no tenía nada que decir y que prefería irse a sentar de una vez. Según Kaga, su mirada era tan severa que parecía como si estuviese furiosa. De hecho, las excentricidades de Hanashiro eran tan grandes, que incluso mientras hablaba con Kaga, uno de nuestros compañeros se acercó a ella intentando conversar. Ella solo respondió “Estoy leyendo un libro, así que por favor no me hables”.

—Entonces era por eso que nadie se le acercaba.

No pude evitar reír amargamente.

—Es linda por fuera, pero espero que no vaya a ser cruel por dentro. —Dijo Kaga.

—Mas bien parece deprimida. ¿Estará bien? —Le contesté.

Procedí a sacar mi libro de matemáticas y un cuaderno. Aprovechar la segunda hora de matemáticas era más importante que preocuparme por la estudiante nueva ya que iba a haber un pequeño cuestionario en esa clase.

De pronto, sonó el timbre que indicaba el inicio de la segunda hora clase. La personalidad de Hanashiro era notoriamente complicada, pero era bastante buena en los estudios. Cuando los maestros preguntaban algo, ella respondía casi de inmediato y siempre lo hacía correctamente. Y en educación física, era hasta más rápida que las chicas del club de atletismo. Las demás chicas se acercaban y la elogiaban, pero en lugar de sentirse alagada, simplemente las miraba con frialdad y respondía cosas como: “No es nada fuera de lo común, ustedes también deberían poder hacerlo ¿No?”. Incluso cuando había compañeros que intentaban reclutarla para algún club, ella respondía que no, porque eso era un fastidio.

Aparentemente, Hanashiro no quería llevarse bien con nadie, y pasaba la mayor parte de su tiempo leyendo durante los recreos. Normalmente, a una forastera como ella, que se comportaba de una manera engreída, seria alguien discriminada, pero su capacidad de destacar parecía transformar opiniones de “Que chica tan rara” en “Es toda una genio” lo cual hacía que Hanashiro permaneciera solitaria durante la hora del almuerzo en su primer día como estudiante transferida sin tener ningún tipo de repercusión. Sin embargo, había una persona a la que no le agradaba para nada la atención que ella estaba atrayendo.

—Oye… ve y cómprame una gaseosa Cheerio de las máquinas expendedoras de allá abajo.

Hubo una chica que se le acercó a Hanashiro repentinamente. Era Kawasaki-san. Tenía permanente en su cabello y lo había teñido de un color marrón claro. Usaba la falda demasiado corta y, además, había aplastado los talones de sus zapatillas para meter los pies. Toda ella era un conjunto de violaciones al reglamento de vestimenta femenina de la academia. Y, a pesar de todo lo anterior, Kawasaki-san tenía la reputación de ser la chica más linda de la clase.

Si ella hubiese sido simplemente una chica linda, habría estado bien, pero el problema es que ella, era sumamente presumida y egocéntrica.  Además, corrían rumores de que ella estaba saliendo con un senpai delincuente famoso por buscar peleas y por eso, nadie en la clase la desafiaba. Con ese fuerte respaldo de alguien de tercer año a sus espaldas y su personalidad infantil, era obvio que tendría un estatus de reina en la clase. En ese momento, Kawasaki-san, había dado una moneda de cien yenes a Hanashiro que la miraba completamente confundida.

—¿Qué es Cheerio*?

—¿Eh? ¿No lo sabes?

—Nunca antes había oído eso.

—Hum, ya veo. Pues no me importa. Solo ve y cómprala. ¡Rápido!

—¿Y cien yenes alcanza para eso?

—Si, eso es lo que vale.

—¿Y está rica?

—¿Eso qué importa?

—¿Hay algún otro tipo de bebida además de las gaseosas?

—¡Qué importa solo ve y cómprala!

<<Traductor Ore no Honyaku: Cheerio es una marca de gaseosas en japon. Es una marca que existe realmente>>.

Kawasaki-san pateó el escritorio, furiosa. Entonces, Hanashiro se levantó sin expresión alguna en su rostro, y se marchó del salón en silencio. Kawasaki-san fue y se sentó en su asiento mientras la veía marcharse y comenzó a presumir ante sus compinches diciendo “¿Lo ven? Solo hacía falta gritarle un poco.”

Hanashiro volvió muy rápido con la gaseosa Cheerio en su mano. Levantó la lengüeta de lata haciendo un sonido chisporroteante, y comenzó a beberla vigorosamente frente a Kawasaki-san. Toda la clase se quedó congelada y Kawasaki-san se quedó atónita al ver la tranquila acción de Hanashiro. Ella se bebió el contenido entero de la lata y luego la alejó de sus labios color cereza, dejando salir un suspiro.

—Aaah… muchas gracias.

Colocó la lata vacía en el escritorio de Kawasaki-san y regresó a su propio asiento a continuar leyendo como si nada hubiera pasado.

Tardo un momento, pero Kawasaki-san se levantó de su asiento y se dirigió donde Hanashiro.

—Oy… ¿Qué fue eso? No, quiero decir, ¿Por qué te la bebiste?

En ese momento, ya sea para bien o para mal, el profesor entró al salón de clases, así que Kawasaki-san ya no pudo hacer nada más que fulminar a Hanashiro con la mirada.

—Hanashiro es increíble… Se bebió la gaseosa de Kawasaki.

—Yo también intentaré hacer eso.

—Se la bebió muy rápido.

Los compañeros de clases comenzaron a murmurar, y Kawasaki-san se sonrojó tanto que su cara se puso de un color rojo tan brillante      como el color de la lata de gaseosa Cheerio. ¿Qué rayos le pasa a Hanashiro como para hacerle eso a la que prácticamente es la reina de la clase y luego quedarse tan tranquila? En ese momento pensé: Supongo que me graduaré sin dirigirle nunca la palabra y al final terminaré olvidando su nombre. No creo que una chica como esa, que va en contra de todos los paradigmas, se interese por alguien tan simple como yo, y tampoco tenía ganas involucrarme con ella. Vivía en un mundo muy distinto al mío.

Bueno, las clases continuaron igual que siempre, aunque hubiese llegado una estudiante transferida. Pasó la quinta y sexta hora de clases y cuando finalmente todo terminó, tomé mi maletín y me puse de pie.

—Oye, Touno.

Volteé a mira y vi a Kawasaki-san que aún seguía frustrada por lo que Hanashiro le hizo.

—¿Qué quieres?

—Ve a la tienda y cómprame un helado.

Lo que ella quería que le comprara específicamente, era un helado de cono, pero eso no es un detalle que importe.

—¿Y el dinero?

—¿Ah? ¿Acaso lo necesito?

De más estaba hablar de algo lógico como el hecho de que necesitas dinero para poder comprar algo. Recuerdo que Kawasaki-san comenzó a usarme de mandadero justo después de que comenzamos el segundo año de preparatoria. Un día mientras caminaba por el pasillo, se me acercó y me pidió prestados diez yenes. Al día siguiente me pidió que le regalara cien yenes. No lo vi como gran cosa, así que se los di. Pero a partir de entonces, Kawasaki-san me tuvo como un sujeto simplón y comenzó a usarme. Obviamente no hay nada gratificante en ser usado como sirviente, pero cada vez que intentaba negarme, la reina de la clase me insinuaba la existencia de su senpai peleonero y como yo siempre he sido alguien que no tolera la violencia, no tenía más remedio que aceptar sus peticiones.

—Olvídalo, iré a traértelo.

Me dirigí a la tienda mientas escuchaba “espero que te apresures” a mis espaldas. Cuando bajé las escaleras, alguien llegó por detrás y me golpeó el hombro.  Me di la vuelta, vi que era Kaga.

—Oye, ya no le sigas el juego. —Me reprochó Kaga y luego se colocó a la par mía.

—No tuve suerte. Para nada, ni en lo más mínimo, no… —Respondí tratando de ser gracioso, pero a Kaga no parecía haberle hecho gracia y frunció el ceño.

—Si sigues haciendo todo lo que ella dice, solo conseguirás que ella se ensañe más contigo.

Al decirme eso, me golpeó la espalda con su maletín, pero no me dolió.

—Lo sé —Respondí—. Pero, Kawasaki-san tiene un novio que da miedo.  ¿Recuerdas? Si le digo que no, ella podría quejarse con él y no quiero acarrearme problemas con un chico mayor. Podría atacarme de camino a casa o golpearme en el salón.

Kaga negó esa posibilidad, pero yo todavía dudaba.

—¿Crees que un estudiante de tercer año que debería estar preocupado por sus exámenes finales o por conseguir un trabajo, va a armar un pleito solo porque su noviecita se lo pida? Además, es demasiado dudoso que Kawasaki esté saliendo con este Senpai que dices. Nadie nunca la ha visto saliendo con nadie.

—¿Tú crees que ella solo esté fingiendo?

—¿Tu no?

Inmediatamente pensé que era posible, ya que Kawasaki-san era alguien que odiaba perder.

—Claro que sí. Supongo que no podría poner de excusa que su novio es alguien completamente desconocido. ¿Crees que de verdad sea mentira que sale con alguien? No quiero molestarme solo en ir a decirle que no. Le compraré el helado de todas formas.

Realmente pensaba eso que dije. Si podía evitarme la molestia pagando unos cientos de yenes, para mi era barato.

Kaga por su parte dejó salir un suspiro exagerado.

—No tienes voluntad ¿Verdad?

—¿Acaso la necesito?

—Claro que sí. Necesitas tener voluntad propia para decir lo que piensas. Por eso te hacen para donde quieren. Deberías aprender un poco de esa chica nueva.

La verdad, no sería mala idea tener una voluntad de hierro como Hanashiro. Además:

—No es que no tenga voluntad.

—¿Qué quieres decir?

—Mi voluntad es no tener voluntad.

—¿Qué demonio estas…

—Sabes algo, un poste de teléfono es hueco por dentro, porque de alguna manera, eso lo hace más resistente. No tiene un núcleo que se rompa. Yo no tengo un núcleo tampoco, para que no se rompa por alguna sacudida que venga inesperadamente. Al igual que ese núcleo inexistente del poste, mi voluntad también es inquebrantable porque no se puede romper lo que no hay. Puede ser un poco difícil de entender para ti, pero es una manera noble de pensar.

Kaga parecía estar muy indignado por mi explicación.

—¿Estás seguro de lo que estás diciendo?

—Un poco.

En ese momento, Kaga me lanzó una patada en el muslo por detrás de mi rodilla. Ese golpe era más doloroso de lo que parecía así que le pedí que se detuviera.

—Entonces sé honesto.

—Eres demasiado severo.

Mientras me sobaba el muslo, llegué a donde vendían el helado. Al entrar en la tienda, recordé rápidamente que los helados se vendían rápido en esa época del año. Me apresuré a la esquina donde estaban los helados y afortunadamente, sólo quedaba un cono. Lo encontré enterrado bajo los otros tipos de helado como si fuera una boya, con la punta hacia abajo.

—¡Uff! menos mal. Iré a comprarlo y nos marcharemos.

—A ver, préstamelo un momento.

—¿Qué tienes pensado?

Le presté el cono de helado a Kaga.

—Ya lo verás.

Kaga le dio un golpe con el dedo a la punta del cono por encima del empaque y lo rompió por dentro.

—Oye ¿Qué hiciste?

—Lo rompí.

—Eso ya lo sé.

Le arrebaté el helado a Kaga y lo fulminé con la mirada.

—Ahh… Ahora le va a chorrear por debajo cuando empiece a comérselo.

—Esa es la idea.

Kaga sonrió con deleite. Obviamente la culpa me la iban a echar a mí.

—No te preocupes por eso. No se darán cuenta hasta que lo abra. Incluso si se entera, puedes decirle que ya estaba roto. Además, tú eres el que pagó por eso. Algo tienes que ganar.

—¿Tú crees que eso sea beneficioso?

—Claro que sí.

Kaga se volvió repentinamente hacia mí con una mirada seria en su rostro.

—Vamos, enfádate de vez en cuando. No eres un poste de teléfono o un helado, ¿Sabes?

—Lo haré cuando llegue el momento…

Cuando me escuchó decir eso, Kaga suspiró.

Al final, le entregué el cono de helado a Kawasaki-san y me marché de la academia como si huyera de algo. Para llegar a casa, tomé el mismo tren en el que llegué. Me preguntaba si debería ver el paisaje o jugar con mi celular. Después de un rato, me levanté de mi asiento y le mostré al conductor mi pase de abordaje. Él ni siquiera se molestó en revisarlo. Presioné el botón de que decía “abrir” que estaba junto a la puerta y me bajé del tren, sólo para ser saludado por un coro de cigarras y una ola de calor que envolvió todo mi cuerpo. El aire acondicionado del vagón me había refrescado, pero ya estaba sudando incluso después de una corta caminata.

Seguí la línea blanca pintada a un lado de la calle mientras agachaba la cabeza por culpa del sol y pasé por una tienda que vendía arroz. Mi casa quedaba justo a la par de un hangar de la brigada contra incendios cuyas persianas nunca vi abiertas.

Aunque el verano apenas comenzaba, pude ver una superficie reflectante más allá del camino que parecía como si hubieran echado agua en la calle. En realidad, era un espejismo. Me pareció haber escuchado que la temperatura del ambiente debía ser de al menos unos 35 grados para que un fenómeno así ocurriera. Así que esa era la temperatura que había… con razón hacia tanto calor. Me limpié el sudor de la frente y alcé mi vista al sol con enojo, pero tuve que bajar la mirada rápidamente por lo brillante que estaba y entonces la vi….   

Una niña que se robó mi atención en ese momento. Me sorprendió tanto y me paré en seco. Su cabello atado en una corta cola de caballo, se balanceaba al sobresalir por detrás de una gorra de beisbol que llevaba puesta. Una camiseta de tirantes ligeramente más grande y unos pantalones cortos que llevaba puestos, eran una gran manera de conseguir una piel saludable y de color trigo en una temporada como esa. El énfasis estaba en el hecho de que las sandalias rojas, tan desgastadas que tenía puestas, se podían ver desde lejos, y eran un buen indicador de la vitalidad de la niña.  

—Mira, esa es la frontera entre el sol y la lluvia. —Me dijo de espaldas a mí, mientras señalaba el mojado y brillante camino que tenía por delante.

Su voz era como un susurro, pero llegó a mis oídos con firmeza como tenía ser. El zumbido de las cigarras había cesado y todo estaba tranquilo, como si el tiempo se hubiera detenido. Ella giró la cabeza y me volteó a ver. Había una sonrisa despreocupada en su cara. Esa niña, era mi hermana menor, Karen.

—Oye Onii-chan. —Me dijo—. Allá está lloviendo. Pero cuando llegues ya estará seco. Si te apresuras, aun puedes alcanzar los charcos.

Aquella escena me provocó una fuerte sensación de Deja vu.

La frontera entre la lluvia y el sol ¿Eh? Es cierto. Por aquel entonces, no sabíamos que existía un fenómeno llamado espejismo. Fue en un día despejado y soleado, y no sabíamos por qué el camino parecía mojado. 

«Quiero enseñarle sobre eso a Karen», pensé para mí mismo.

Ahora que estaba en la preparatoria, podía explicarle a ella cómo funcionaban los espejismos. Pero no fue posible. Estaba tan paralizado que no podía ni hablar, como si hubiera estado atado. Mi corazón latía tan rápido que casi se me salía del pecho.

—¿Qué pasa? No te quedes allí. —Me dijo Karen—. Si no vas, yo iré primero.

Karen me dio la espalda y comenzó a caminar hacia adelante. Intenté llamarla, pero mi voz no salió. Sólo salían jadeos. Frases como “espera”, “no te vayas” y otras palabras más que no llegaron a salir a través de mi voz, se quedaron dentro de mí, empujando y golpeándose entre sí, poniendo presión en mi pecho. Había una inquietud que me quemaba. Mi cabeza daba vueltas, y ni siquiera podía tomarme el tiempo para respirar.

Finalmente, Karen desapareció en medio de las ondas de calor en la lejanía. Y no pude hacer nada al respecto. El sonido de las cigarras me ensordeció al recordarlo. Gotas de sudor atrapadas en mis pestañas me hicieron cerrar los párpados con fuerza.

Corrí a casa lo más rápido que pude. Saqué las llaves de mi maletín y abrí la puerta. Tal vez solo fue por la intensa luz de sol, pero adentro se veía demasiado oscuro. Me puse una camiseta y unos shorts en mi habitación y me dirigí a la cocina. Bebí una taza de té frío de cebada y descansé un poco. Luego, me trasladé a la sala. Era una habitación de ocho esteras de tatami que estaban completamente decoloradas. Había un pergamino colgante con un paisaje de montaña colgado en la pared. Para entonces, mis ojos ya se habían acostumbrado a la oscuridad de la casa, y el exterior parecía ser un mundo aparte con todo ese brillo.

Me senté firmemente en un cojín de la esquina de la habitación. Frene a mí, estaba el altar de Karen. Ella era mi hermana dos años menor que yo, que murió cinco años atrás cuando se cayó de un árbol.

Fue en un caluroso y húmedo día de verano igual que el de hoy. Karen y yo habíamos llegado a una zona boscosa cercana con nuestras redes y cestas para insectos. Ya estaba atardeciendo y aun continuábamos con nuestra búsqueda porque no habíamos sido capaces de atrapar un solo escarabajo. No era que ella realmente deseara tanto obtener el dichoso escarabajo, si no que le dijo a mamá que esperara con ansias porque atraparía uno grande. Los dos nos habíamos comprometido con la tarea y estábamos ansiosos por atraparlo, incluso si eso significaba que nos atrapara la noche allí. Finalmente, nos topamos con un escarabajo rinoceronte y un escarabajo ciervo, pegados a un mismo árbol. Nuestra emoción fue tan grande y queríamos atraparlo a toda costa.  

—Espera, Soldado Karen. Tenemos un problema. —Le dije en tono de broma.

Karen me siguió la corriente y me saludó de forma divertida.

—¿Ja? ¿Qué pasa, Onii-chan?

—Nuestra red no lo alcanza.

—Esto es desconcertante.

—Vaya, conoces palabras difíciles. —Contesté repentinamente.

—Lo aprendí en la tele.

Karen se echó a reír y yo sonreí mientras murmuraba “Ya veo”.

Los dos escarabajos estaban demasiado altos en el árbol y había que trepar para poder agarrarlos. El problema fue que no había ramas lo suficientemente bajas para alcanzar y nadie se podía subir solo a ese árbol.

—Lo siento. No puedo alcanzarlos ni aunque me ponga asaltar.

—Así es Onii-chan. Por eso tendremos que escalar.

—No podemos. No hay ninguna rama que podamos alcanzar.

—Vamos, Onii-chan. Tienes que ser más listo que eso.

—¿Qué tienes en mente?

—Bueno, todo lo que tienes que hacer, es levantarme a mí. Yo alcanzaré la rama.

La rama que Karen señaló, estaba como a dos metros de altura.

—¿No crees que eso es peligroso?

—Tranquilo. Soy una buena escaladora.

—Oye, pero…

—¡Rápido Onii-chan! Se nos van a escapar.

La verdad es que esa era una gran oportunidad y si la perdíamos, posiblemente no la volveríamos a tener de nuevo. Por eso hice caso al plan de Karen.

—Está bien, pero ten cuidado.

—Tú tranquilo. Déjame subir a tus hombros.

En ese momento me agaché. Karen se quitó sus desgastadas sandalias rojas y se montó sobre mí. Me levanté exclamando y ella saltó a una rama y comenzó a subir al árbol. Sería grosero llamarla mona, así que no lo dije, pero por la forma en que se comportaba, era como si fuera una. Era muy hábil y no parecía que fuera a resbalar. Por eso la descuidé y miré hacia abajo. Ese fue el punto de inflexión que desencadenó todo. Yo debí estar vigilando a Karen.

Todo sucedió tan rápido… Escuché el sonido de una rama rompiéndose repentinamente y alcé mi mirada rápidamente.

—¡Ah!

Para cuando me di cuenta de lo que pasó, ya era demasiado tarde. Karen cayó del árbol de espaldas y se golpeó la cabeza en el suelo. Fue tan repentino… que me quedé paralizado por unos cinco o diez segundos y para cuando entré en razón, la llamé, pero no respondió. No había sangre ni nada y, aun así, Karen ya no respiraba. No recuerdo realmente lo que pasó después de eso. Solo sé que estaba tan asustado que no pude evitar huir del lugar y antes de darme cuenta, los vecinos me habían recogido. Fue hasta el día siguiente que fui informado de la muerte de Karen. Decían que afortunadamente ella no sufrió porque su muerte, fue instantánea.

Desde ese entonces, no pasó un solo día sin que pensara en eso. Si hubiera detenido a Karen, aunque tuviera que forzarla. Si tan solo hubiera renunciado a la idea de no volver a casa pese a ser muy tarde… No, si tan sólo no hubiera salido a atrapar insectos en primer lugar. Karen seguiría viva.

—…

Coloqué una varita de incienso en el altar de Karen y toqué la campanilla. Una larga lista de reflexiones flotaba en mi mente sin poder ordenarlas. Me levanté del cojín antes de que los pies se me entumecieran y me fui a la cocina para preparar la cena.

Puse una taza de arroz en una olla y lo enjuagué con agua del grifo. Cambié el agua cinco veces. A menudo olvidaba el número de veces que lavaba el arroz, así que sólo usé mis dedos para contar el número de veces. Si era la primera vez, usaba mi dedo índice. A la segunda vez, usaba mis dedos índice y medio. En la tercera vez, usaba mis dedos, índice, medio y anular. Así lo hacía yo. Cuando el arroz ya estaba limpio, coloqué la olla en la arrocera y presioné el botón que decía “cocción rápida”. Pensé en preparar unas “Papas Alemanas”. Así que saqué los ingredientes del refrigerador, los corté y los freí. Mi madre se fue de la casa después de la muerte de Karen y mi padre, no sabía cocinar y no podía darse el lujo de comer afuera, así que no me quedaba de otra más que hacerlo yo.

Cuando las papas alemanas ya estaban listas, envolví la porción de mi padre y la puse en el refrigerador. Luego comencé a comer yo solo. Mientras tanto, veía un popular programa de variedades en la tele y movía mis palillos mientras me reía y me ponía a hablar solo. La mayoría de los programas que pasaban a las siete en punto, me parecían interesantes. Pero tan pronto como terminaba de comer y apagaba la televisión, me olvidaba de lo que había visto.

Lavé los platos sucios, y me fui a mi habitación. Me recosté en mi cama y me puse una almohada en el pecho. Pase un rato escuchando música y leyendo manga. A medida que lo hacía, mis párpados empezaron a ponerse pesados y comencé a cabecear.

«Aún tengo que calentar el agua de la bañera», pensé para mí.

pero no pude resistir la somnolencia y cerré los ojos completamente. De pronto: ¡Doon! Me desperté con un ruido fuerte. Cualquiera pensaría que era un ladrón entrando por la fuerza, pero aun dormido, yo ya sabía de quien se trataba. Así que no salí de la habitación y volví a cerrar los ojos.

—¡Kaoru! ¡Ven aquí!

Oh, maldición. Me levanté de la cama y respiré hondo antes de ir a la sala. Allí estaba mi padre que ya había vuelto de su trabajo en el ayuntamiento. Tenía la cara roja. Lo más probable era que había bebido más de la cuenta. Ni siquiera se había cambiado, estaba sentado en uno de los cojines, así como andaba. Con su pantalón y su camisa del trabajo. Bebía agua de manera muy ruidosa y fuerte.  Las mejillas de mi padre tenían arrugas y podía ver reflejos grises en su desaliñado pelo. Me pregunté si él ya estaba envejeciendo. Quizas, el ya habia llegado a los cincuenta años.

Cuando terminó de beber su agua, puso el vaso en la mesa con un gran golpe.

—¿Y el baño? —Me preguntó.

Ni siquiera me volteó a ver. Por alguna razón, tenía la mirada fija en la tele que ni siquiera estaba encendida. ¿Qué demonios mira? me pensé.

—Enseguida te lo preparo —Contesté.

Caminé hacia el baño y cuando iba de camino, pisé algo pegajoso con los pies descalzos y un escalofrío me recorrió la espalda. Cuando levanté el pie, me di cuenta de que era una papa. Si, mis papas alemanas estaban esparcidas en las alfombras de tatami. También había papas estrelladas en la pared. Probablemente lazó el plato entero. Porque también el plato estaba tirado en el suelo partido por la mitad.

—¡Oye! ¿Qué haces allí parado? Si tienes algo que decir, dilo. —Me gritó furioso.

Yo simplemente le respondí que no, y continué mi camino al baño. Realmente no tenia nada que decirle. El hecho de que me llamara solo para que le pusiera a calentar el agua del baño o que tirara mis papas alemanas contra la pared, e incluso hiciera pedazos el plato no me importaba. Yo solo sentía lástima por él, ya que perdió a Karen y a mamá casi al mismo tiempo. Tenía también una sensación de resignación porque él nunca más podría funcionar como un padre decente otra vez y también, me sentía culpable de haber estado más cerca de la muerte de Karen que nadie, y no haberlo evitarlo. Esas eran las tres emociones más importantes de mi corazón, y no había lugar para algo como la ira.

Mi padre solía ser un hombre gentil, pero se volvió inestable como si fuera una persona completamente distinta tras la muerte de Karen. A veces gritaba cosas como lo hizo hace un rato, y otras veces era inusualmente amable. En un principio me preocupaba cada cambio que había en mi padre, y como su hijo, intenté dar lo mejor de mi por su bien. Pero me detuve por algo que me dijo una vez.

—Ojalá estuvieras muerto.

Era una noche de invierno cuando yo estaba en mi segundo año de secundaria. Él llegó a casa y me dijo eso de forma muy natural como si hablara del frio que estaba haciendo. Para ser honesto, tenía la sensación de que era comprensible que me deseara la muerte, así que yo estaba sorprendentemente tranquilo. Pensé que había sido capaz de asimilarlo porque no me sentí triste en absoluto.  

Pero la frustración de tratar de ser querido por mi padre o la necesidad de rebelarme contra sus deseos irrazonables hacia mí, eran como el corcho que se saca de una botella. Finalmente llegué a la conclusión de que, en realidad, él no me veía como su hijo. Yo fui el producto de una infidelidad de mi madre.

Apenas tenía ocho años cuando lo descubrí. Lo poco que sé sobre el asunto es mínimo. Era demasiado joven. Pero yo entendía que el tema de la infidelidad de mi madre era un tabú y nunca lo mencioné.  Además, ni siquiera me interesaba. Mi madre me quería e incluso mi padre con el que no comparto un vínculo de sangre, solía ser amable conmigo en ese entonces. Eso me hizo entender que esa infidelidad era un asunto trivial para todos nosotros. Probablemente Karen pensaba igual. Por eso, en la familia Touno, habíamos logrado construir un hogar ideal, manteniendo una delicada distancia entre nosotros.

Pero todo eso fue destruido por la muerte de Karen. Ya no existía un solo elemento en la actual casa de la familia Touno que pudiera ser parte de algo que se considera un hogar. En ese momento pesé: ¿Qué habría pasado ahora si hubiera sido yo quien hubiera muerto, como dijo mi padre? La respuesta era obvia.

Abrí el grifo de la ducha y me lavé los pies después de pisar las papas. También abrí el grifo de la bañera y cuando se llenó, encendí el calentador.  Tenía que ocuparme de las papas alemanas y el plato, o si no, se pondría a regañarme, así que caminé pesadamente hasta la sala. Encontré a mi padre acostado en el tatami. Estaba roncando con la boca abierta, su mal humor se había ido. Se veía tan estúpido que era casi gracioso.

—Ja ja. Es un alivio que no nos parezcamos.

Tenía que limpiar, así que lo hice mientras él dormía. Me encargué de los trozos del plato roto y los retos de papa. Aun estaban tibios porque él los había calentado en el microondas. ¿Qué cosa lo habrá hecho dejar de comer y arrojar el plato contra la pared? No tenia idea ni me interesaba averiguarlo. Terminé de limpiar y volví al baño. Me aseguré de que el agua de la bañera estuviese caliente y apagué el calentador. Si tuviera un calentador de agua más moderno, podría haberlo hecho todo con un solo botón, pero es una casa vieja y no tenía elección.

Cuando miré el reloj, vi que era tan tarde que casi iba a ser el siguiente día. Normalmente, me prepararía para la mañana y me iría a la cama, pero no tenia sueño. Quizás porque me ya había dormido lo suficiente. Decidí mejor quedarme despierto. Me puse mis zapatillas en la puerta y me escabullí para dar un paseo nocturno. Una media hora después de salir de casa, estaba caminando por las vías del tren. A menudo, solía caminar de noche, pero esta vez, fue la primera vez que lo hice por las vías del tren. Recordé una escena de una película que vi hace mucho tiempo e intenté imitarla. Me gustó mucho hacerlo. De alguna manera, había un placer inmoral haciendo cosas que no están permitidas. Caminé sobre los rieles, balanceándome sobre ellos como si fuera una acera, hacía como si pretendiera ser un tren en una estación solitaria.

Cuando perdía el equilibrio y casi tocaba el suelo, mi corazón latía impotente. También me gustó el sonido que se produce al pisar una piedra en el suelo. El inconveniente es que era un poco ruidoso, pero sabía que nadie andaba en la calle a esa hora, así que pude disfrutarlo. Nada me molestó hasta que terminé. Casi no había farolas por allí, pero la luna estaba muy brillante y no estaba completamente a oscuras. Especialmente en una noche tan despejada como esa, el ambiente estaba tan brillante que casi parecía de día.

Según recuerdo, la primera vez que vi una estrella fugaz fue en una noche brillante igual a esa. Estaba de pie en el pórtico de la casa mirando el cielo con Karen para observar la lluvia de meteoritos conocidas como Perseidas. Pude ver la lluvia de meteoritos tres veces, pero Karen siempre estaba tan soñolienta que se las perdía todo el tiempo. Incluso la última vez se quedó dormida otra vez sin poder verlas . A la mañana siguiente, Karen parecía tan frustrada que estaba a punto de llorar, y la consolé diciéndole que habría una próxima vez. Claro, una próxima vez a la que Karen ya no llegaría…

Dicen que cuando morimos, nos convertimos en estrellas. Si ella se convirtió en una estrella, ¿Podrá ver estrellas fugaces todos los días? Me gustaría que fuese así.

Seguí caminando un rato y luego me detuve. No fue un callejón sin salida lo que me encontré de repente. Era un túnel. El mismo túnel por el que siempre pasaba el tren de camino a la academia. Era un lugar conocido en realidad, pero no tuve el coraje de atravesarlo yo sólo en medio de la noche.

Me di la vuelta para regresar a casa, pero entonces me di cuenta de algo más. Resulta que había una barandilla de madera a un lado de las vías del tren, oculta entre la hierba alta. Me abrí paso entre los matorrales, y vi que eran unas escaleras que bajaban y continuaban hacia el lado del mar en un ángulo, que era difícil de ver desde el asiento del tren. Me pregunté si eso estaba allí para propósitos de mantenimiento. Sin embargo, no había señales ni cordones que indicaran que la entrada estaba prohibida. Pensé en bajar por simple curiosidad. Mi corazón latió fuerte cuando puse mi pie en ese escalón. Las escaleras no eran muy largas. Terminé mi descenso, mientras me quitaba las telarañas de la cara, y me encontré en un espacio que parecía un claro sin vegetación. Allí, había otro túnel.

—¿Aquí también?

Allí había otro túnel más pequeño. De unos… tres metros de altura. Estaba hecho de piedra y completamente cubierto de musgo. No se podía ver el interior desde allí, así que era imposible saber su longitud. Si ese túnel hubiera sido un poco más visible, habría sido reconocido como un lugar embrujado. Esa era la impresión que daba.  Ninguna persona cuerda entraría a allí. Cualquiera se habrían asustado y vuelto atrás. Eso es lo que yo habría hecho también. Si no hubieran recordado lo que escuché esa misma mañana.

«¿Has oído hablar del Túnel Urashima?»

No, eso no era posible. Así que sacudí la cabeza. Era solo una leyenda urbana. No podía existir un túnel donde pueda conseguir todo lo que quiera, por mucho que intentara creerlo. Simplemente no podía ser real. De hecho, era demasiada coincidencia que encontrase un túnel desconcido y lo relacionara automáticamente con una leyenda urbana que escuché. ¿En qué estaba pensando con ya diecisiete años de edad? Era una tontería. Por eso, decidí marcharme a casa y fingir que no vi el dichoso túnel.

Subí las escaleras, burlándome de mí mismo por no haber continuado. Pero me detuve en el último paso. ¿Pero y si…? ¿Y si realmente existe un túnel de Urashima, y puedo conseguir lo que quiera? ¿Podría recuperar a Karen? La curiosidad me carcomía, así que regresé y entré en el túnel de inmediato, iluminando mi camino con la luz de mi celular. Sólo quería ver poco. Sólo un poco y si no había nada interesante, me iba a dar la vuelta inmediatamente.

Caminé despacio para no caerme o pisar algo extraño. El olor a tierra y humedad era fuerte. Esperaba ver uno o dos animales muertos por allí, pero hasta ahora, no había ni siquiera una hoja tirada en el suelo ni señal alguna musgos. El interior está sorprendentemente limpio, a diferencia del exterior que lucía todo abandonado. Sin embargo, había una brisa tibia que soplaba constantemente y que me hacía sentir incómodo. Combinado con la delgadez del túnel, me hacía sentir como si me moviera a través la garganta de una serpiente gigante.

Si la lampara se me hubiese apagado en ese momento, probablemente me habría estremecido hasta la médula. Estaba preocupado por la carga de mi celular, y miré la pantalla. Vi que sólo quedaba un diez por ciento de carga y no estaba seguro de cuánto duraría.

En ese momento, yo me iba regresar, si no hubiese sido porque noté un suave resplandor que venía del fondo del túnel. Por un segundo creí que era la salida y pensé que no pasaría nada si seguía adelante, y caminé rápidamente hacia ella. La luz se hacía cada vez más fuerte. Pero, al final no era una salida.

—¿Qué es todo esto…?

Había unos portales Torii* de un color blanco, que se asemejaba a los huesos humanos. Parecía como si hubiesen estado esperando la visita de alguien durante cientos de años. Habían sido construidos en ese lugar y eran muchos. Al mirar el fondo del túnel, podía ver que los Torii se extendían como los Senbon-Torii* (la puerta de los mil Torii), hasta el final. La luz suave provenía de unas antorchas que se extendían inclinadas desde la pared del túnel. Estaban intercaladas uniformemente entre los Torii, y también se extendían hasta el fondo. El fuego en la punta ardía tenuemente, casi sin vacilar. Era un lugar con un fuerte sentido religioso o ritualista o algo parecido a lo sagrado que no debería ser pisado tan a la ligera. Nunca antes había visto u oído hablar de ese lugar. Cuando intenté comprobar mi ubicación actual, el celular no tenía señal. No era raro que en Kazaki la recepción fuera mala, pero en ese caso, era algo muy inusual. No, era demasiado extraño. El miedo me hizo levantar la cabeza de repente. Me habían dado muchísimas ganas de desistir. Tenía un mal presentimiento y estaba a punto de volver por donde llegué, cuando mi atención fue repentinamente atraía al fondo del túnel.

<<Traductor Ore no Honyaku: Las puertas Torii son unos marcos, portales o arcos de color rojo que suelen estar siempre en las entradas de los templos sintoístas en Japón. Sé que más de alguno habrá visto esos arcos en algún anime, película o documental sin saber cómo se llamaban. Solo recuerden a las Mikos. Las hermosas Mikos en los templos>>.

<<Traductor Ore no Honyaku: Creo que aquí se está refiriendo al templo Fushimi Inari-taisha de Kioto. Es un templo que tiene tantos portales Torii, que practicamente forman un túnel. Se de dice que son miles>>.

—¿Qué?

Al otro lado de los Torii, había un pequeño objeto de color rojo tirado en el suelo. La luz no era suficiente como para ver claramente desde donde yo estaba. Pero quería averiguar qué era eso, y luego me iba a marchar. Decidido a hacerlo, atravesé los Torii que tenía delante y me acerqué al objeto, con cautela. Al parecer era una sola sandalia. Una sandalia roja. Bastante pequeña como para el pie de una niña.

Me agaché, la recogí con temor y luego la miré con asombro. Me quedé sin aliento. “Karen”. Eso era lo que la sandalia tenia escrito en el borde de la suela con el puño y letra de mi hermana menor. No puede ser, pensé.

Esas eran las sandalias que usaba Karen. No había ninguna duda al respecto. Todavía recuerdo que Karen me preguntó si le quedaban bien, y su letra era la misma. Ella tenía el hábito de escribir “Ni” en lugar de la letra “N”*. ¿Pero por qué estaba la sandalia de Karen allí?

<<Traductor Ore no Honyaku: Esto es un poco difícil de explicar. Pero verán, en esta novela el nombre de Karen es escrito en caracteres Katakana. Así: “カレン” resulta que lo que Kaoru explica, es que ella escribía mal su nombre ya que en japones no existen letras consonantes solas excepto la “N”. la letra N en Katakana se escribe así: ンpero ella en lugar de escribir Karen como se debe, escribía “Kareni”. Usando este carácter al final. “二” que se lee como “Ni” O sea, lo escribía así: カレ二. Eso seria como una falta ortográfica en japonés>>.

La última vez que vi esas sandalias fue el día de la muerte de Karen, algo que nunca olvidaré. Las sandalias no fueron recuperadas durante el transporte de Karen, así que fui sólo al bosque para buscarlas. Encontré fácilmente solo una de las sandalias. La que tenía escrito “Touno” en la suela, pero por mucho que busqué la otra sandalia que tenía escrito “Karen”, nunca pude encontrarla. Tuve que abandonar la búsqueda entre lágrimas porque llevaba un mes sin tener exito.

El túnel estaba más o menos a unos cinco kilómetros de la zona boscosa donde ocurrió el incidente de Karen. Así que era extraño encontrar la sandalia allí. ¿Será que en verdad es el Túnel de Urashima? No, era demasiado pronto para determinar eso. Podría haber sido llevada por algún perro callejero o un cuervo. Eso era lo más probable. Además, es cierto que estaba buscando las sandalias de Karen, pero no estaba seguro de que realmente era eso lo que yo quería. Si me lo hubieran preguntado, yo no podría decir que sí. Lo que yo buscaba realmente, era a la propia Karen.

De todos modos, seguí adelante. Si Karen estaba ahí, sería real para mí, si no, solo algo falso. La expectativa superó mi temor. Me metí la sandalia y el celular en ambos bolsillos y empecé a caminar más hacia el fondo. Los Torii y las antorchas continuaban infinitamente, pero lo que me llamaba la atención, no eran los portales, si no las antorchas. Me preguntaba cuánto tiempo habían permanecido encendidas. Ni modo que alguien hubiera anticipado mi llegada a ese túnel ese mismo día a esa hora. Lo más probable era que habían estado allí durante algún tiempo. Ardiendo en todo momento. Pero su fuente de oxígeno y combustible era un misterio. ¿Acaso había algún tipo de truco en esas antorchas? Si ese era el caso, ¿Por qué estaban esas antorchas allí y para qué las necesitaban? Ese era un lugar al que nadie se acercaba. No… por mucho que lo pensara, nunca iba a averiguar la respuesta a todo eso.

—¿Karen?

Intenté llamarla con una voz débil. Obviamente, no hubo respuesta. Pero de pronto…

—Uh…

Una voz resonó. Era áspera y difícil de escuchar. No podía decir si era la voz de un niño o de un adulto, o incluso si era la de un hombre o una mujer. Pero eso fue definitivamente la voz de alguien. No era el sonido del viento.

Naturalmente, mi corazón latió tan fuerte que hasta podía oírlo. Sabía que alguien más estaba delante de mí. Si había una sola posibilidad de que esa persona fuese Karen, entonces tenía que apresurarme y seguir adelante. Empecé a correr, pero me pareció oír un ruido. Así que me detuve y escuché atentamente. Era como crujidos o chasquidos de algún tipo de insecto o animal pequeño moviéndose violentamente. La fuente del sonido estaba bastante cerca. No podía comprobarlo, porque a lo mejor estaba escondido detrás de alguna de los portales Torii. Mi ritmo cardíaco aumentó aún más. Talvez era una rata o algo así. “No es algo a lo qué temer”, me dije a mí mismo una y otra vez. Cuando estaba a punto de pasar lo más rápido posible por el lugar donde se escuchaba eso, algo saltó desde detrás de uno de los portales Torii.

—¡Uwaaaaa!

Grité y me tiré hacia atrás cayendo sobre mi trasero en el acto.

Rápidamente alcé la mirada y lo que vi, fue un pequeño pájaro posado en lo alto de la puerta Torii. Me miró mientras yacía sentado en el suelo e hizo un gesto de inclinar su cabecita.

—Vaya, era solo un pájaro.

Me sentí aliviado y no pude evitar soltar una risotada. Me levanté y miré al pajarito, pensando: “No seas tan llorón”. Era solo un pequeño pájaro con plumas amarillas brillantes. Probablemente era una mascota que se había escapado de alguna casa. En Kazaki no había ningún tipo de ave tan colorida como esa. ¿Pero cómo pudo haber vagado hasta el final de un túnel como este? Pensé.

—¿Eh? ¿Ese pájaro es un periquito?

Al verlo fijamente, estuve seguro de ello. Ojos negros y un pico redondo. Sí, ese pájaro definitivamente era un periquito australiano. Solíamos tener un periquito igual como mascota hace tiempo, así que estaba seguro de eso. Era un periquito llamado Kii, que tenía el mismo color de plumas que ese otro, y tenía una mancha blanca en su cuello.

De hecho, cuanto más miraba este periquito, más parecido a Kii le encontraba. Pero no, ni que las plumas amarillas o las manchas blancas fueran una característica tan rara. Además, Kii murió hace mucho tiempo. Y mismo lo enterré con mis propias manos, junto a Karen. Incluso hicimos una tumba para él. Así que eso era imposible. Antes de darme cuenta, mi respiración se hacía cada vez más difícil. Había una enorme mezcla de expectación y miedo que se eleva desde mi estómago.

—¡Ca!

El periquito parecía estar tratando de decir algo.

Me puse la mano en mi corazón desbocado y escuché atentamente.

—¡Canción de la rana!

Por un segundo pensé que me daría un infarto.

—¡Canción de la rana… canción de la rana!

No, imposible. No podía dar crédito a lo que estaba escuchando.  

Karen y yo queríamos que Kii aprendiera a cantar una canción infantil llamada “La canción de la rana” (Kaeru no Uta). Soñábamos con cantarla junto a él y se la cantábamos seguido para que la aprendiera. Pero Kii, sólo repetía la primera frase de la canción como una radio rota y su vida terminó antes de que pudiera aprender lo demás. Era igual en todos los sentidos. El color de las alas, los patrones de sus manchas, las palabras que decía. Mi cabeza estaba confusa al ser testigo de un evento inaudito, pero aun así, todavía era consciente de todo.

Talvez era una alucinación pensé. La inusual situación de encontrar un túnel en medio de la noche me hacía escuchar cosas que no eran. Ese periquito también tenía que ser una alucinación. Si ese era el caso, no podría tocarlo. Con eso en mente, acerque despacio mi dedo índice. El periquito no se escapó. La punta de mi dedo sintió la parte inferior de su cuello. La suavidad de sus plumas, sus músculos, la temperatura ligeramente más alta de su cuerpo. Todo se sentía tan claro.

No estaba alucinando. Ese periquito en verdad era Kii. El mismo que solíamos tener.

—¿Qué demonios está pasando aquí…?

Tenía muchas dudas. ¿Cómo es que Kii, que debería muerto y enterrado, se encontraba justo en ese lugar? Y encima vivo. ¿Acaso estaba realmente metido en el túnel de Urashima? No, si ese fuese el caso, ¿Por qué Kii…? De cualquier manera, no parecía que mis preguntas pudiesen ser respondida en absoluto, y aun así, mientras me forzaba a buscar una razón convincente, Kii voló hacia el fondo del túnel. Mi cuerpo se movió de forma instintiva. No podía dejarlo ir, aunque no supiera lo que estaba pasando, así que corrí. Sin embargo, pronto, pisé los frenos.

No era un callejón sin salida, ni me topé con nada. Fue una razón psicológica. Algo que se me quedó grabado en la cabeza. Tenía la sensación de que estaba olvidando algo muy importante. En momentos como ese, siempre me decía a mí mismo que si algo se me olvidaba, era porque no era algo de importancia. Yo era el tipo de persona que huía en la primera oportunidad que tenía, pero en ese caso, sentí que debía obligarme a recordar… A lo mejor era una advertencia. Una inexplicable sensación de peligro estaba ardiendo en mi mente.

Asumiendo que ese era el túnel de Urashima, recordé la conversación de aquellas chicas en la mañana. Esa era mi única fuente de información. Dejé escapar un suspiro. Pero ¿Qué fue lo que dijeron?

«Una vez que consigas lo que sea que quieras, te gustaría ir a casa ¿Verdad?».

No, eso no era.

«Resulta que no podrás salir del túnel de Urashima sin pagar un precio».

Más allá de eso.

«De alguna manera te vuelves viejita de inmediato».

Eso me hizo helar la sangre abruptamente. El túnel de Urashima te podía dar todo lo que quisieras, pero había que pagar el precio de envejecer. Esto no estaba bien. Era algo muy importante, y aun así lo había olvidado.

La expectativa de que Karen pudiese estar más adelante y el miedo a volverme un anciano, resonaban en mi cabeza y chocaban entre sí. Después de unos segundos de conflicto, el miedo venció a las expectativas. Era demasiado peligroso continuar sin saber cuan largo era el túnel o si realmente iba a encontrar a Karen si seguía adelante.  

Después de tomar la decisión, actué rápido. Corrí a toda prisa y volví por donde llegué. Corrí a través del oscuro túnel, casi cayéndome varias ocasiones. Curiosamente la salida estaba más cerca de lo esperado. Salí al exterior y me tumbé de espaldas en el suelo, sin preocuparme por ensuciar mi ropa. Miré las estrellas fijamente. En medio de mis jadeos, levanté las manos delante de mí. No tenía arrugas, ni venas a la vista, y solo unas manos innecesariamente suaves y finas para un hombre. Eran las mismas de siempre.

—Creo que no he cambiado…

También me toqué la cara. No hubo tal cambio. Mi barba no había crecido como la de un abuelo, y la piel de mi cara no estaba flácida. No era diferente de lo que era antes de entrar en el túnel. No pude evitar dar un suspiro de alivio. Bien. No soy viejo. Pensé. No sabía si lo de envejecer solo fue un engaño, pero de todas formas me sentía aliviado. Me levanté y me sacudí la suciedad de la espalda.

Después de calmarme, la atmósfera fuera y dentro del túnel era tan diferente que todo me pareció como si hubiese sido un extraño sueño. Al pensarlo detenidamente, no había forma de que hubiera innumerables portales Torii o antorchas al fondo de un túnel en un lugar tan discreto. Pero…

Saqué un objeto que estaba en mi bolsillo izquierdo.

—No importa como lo mire. Esta es definitivamente la sandalia de Karen.

La pequeña sandalia roja en mi mano me confirmaba que todo fue real. Además, podía recordar las escenas que parecían de otro mundo y la figura de Kii claramente si tan solo cerraba mis ojos. Al menos no eran alucinaciones. El túnel efectivamente me condujo a ese extraño espacio.

Había mucha incertidumbre alrededor de eso. A pesar de que había regresado a salvo, todavía tenía un poco de miedo. Y, aun así, también sentía una extraña atracción por ese túnel. Tal vez era casi como un deseo de seguir hacia el fondo y encontrar a Karen. No estaba listo para descartar la posibilidad de reunirme con ella de nuevo.

De momento, tenía que volver a casa. Iba a intentarlo de nuevo al día siguiente. Me metí la sandalia de Karen en el bolsillo de nuevo, y me dirigí a casa. Cuando llegué, abrí lentamente la puerta y pasé al Genkan* sin que mi padre se diera cuenta. Pero mientras subía el escalón, accidentalmente golpeé un paraguas que estaba reclinado en la pared. Hizo un ruido bastante fuerte. Chasqueé mi lengua en mi mente. Apresuradamente, puse el paraguas en su posición original y estaba a punto de correr a mi habitación cuando la luz del pasillo se encendió de repente.

<<Traductor Ore no Honyaku: El genkan es un espacio en la entrada de las casas japonesas donde se quitan y dejan los zapatos, porque como sabrán, en la mayoría de casas japonesas, se tiene la costumbre de quitarse los zapatos para entrar, aunque no es una tradición que sea solo de japon>>.

—¡Kaoru!

Mi padre estaba de pie frente a su dormitorio con una expresión seria en su cara. Mierda, se había enterado de que salí de la casa sin decírselo. Eso era muy problemático. Si iba a regañarme, esperaba que lo hiciera lo antes posible para acabar de una vez por todas. Intenté mantener mi cara abajó para mostrarle que estaba arrepentido, pero de repente me agarró por los hombros con ambas manos. Cerré los ojos y me preparé para el dolor, pensando que finalmente iba a golpearme. Pero al no sentir ninguna bofetada o puñetazo, abrí los ojos tímidamente, vi a mi padre mirándome con la cara llena de lágrimas. Fue algo espeluznante.

—Kaoru —Dijo mi padre con una voz llena de angustia— ¡Gracias a Dios!

No tenía idea de cuál era el alivio que sentía.

—No sé lo que hubiera hecho si nunca hubieras vuelto. Perdóname por lo que te hice. Estaba borracho esa vez.

Ah claro. Comprendí inmediatamente cual era el asunto. Simplemente le dije que no importaba porque al parecer, mi padre estaba en modo “arrepentimiento” ese momento. Tal como su nombre lo indica, era un estado en el que él, se arrepentía de sus acciones.

Para ser precisos, él se esforzaba bastante en decirme que lamenta sus acciones, pero… siempre era lo mismo. Mi padre se volvía incómodamente amable.

—Lo siento mucho. A partir de ahora ya no me excederé con la bebida.

Siempre decía que le iba a bajar los tragos, pero nunca decía que iba a parar.

—Así que, por favor, ya no huyas de casa.

Yo simplemente asentí. Solo me escabullí en medio de la noche y salí a pasear. No era la primera vez que hacía eso. Él estaba exagerando demasiado.

—Por favor, me preocupé mucho cuando me llamaron de la academia. pero a todas estas ¿Dónde habías estado?

¿Acaso dijo que la escuela se puso en contacto con él? Era algo extraño, pero respondí a su pregunta.

—Fue sólo un paseo rápido.

—¿Acaso estuviste en algún lugar del que no puedes hablar?

—No, es en serio. La brisa nocturna era agradable.

—Dime la verdad. ¿En la casa de quién se estabas quedando? ¿O fuiste a la ciudad?

—No, no me fui a quedar a ningún lado y no he salido de Kazaki…

La tez de papá se nubló. ¿Acaso le dije algo que lo ofendiera?

—Ya estuvo bueno. No vuelvas a hacer eso. No me hace gracia que comiencen rumores de que has desaparecido.

Mi padre se rascó la cabeza y volvió a su habitación. A todas estas, ¿de qué estaba hablando? Bueno, me dirigí a los vestuarios sin entender lo que estaba pasando. Estaba sudando, así que quería ducharme.

—Demonios, ¿Dónde ha estado metido toda la semana…?

Cuando cerró la puerta del dormitorio, papá dijo algo más que no entendí. Tal vez lo escuché mal. De todos modos, caminé por el pasillo y entré en el vestuario. Me miré la cara en el espejo del baño para asegurarse de nuevo que no había envejecido. Me sentí aliviado y saqué el celular de mi bolsillo para quitarme la ropa. Mientras lo hacía, de alguna manera abrí la pantalla de espera de mi teléfono. Miré la pantalla y me horroricé.

Encontré un gran número de llamadas perdidas. La mayoría de Kaga y de mi padre. También había muchos mensajes de texto que decían:

      “¿Dónde estás?”

      “¿Por qué estás faltando a clases?”

      “Vuelve a Casa.”

      “Sin ti me siento perdido.”

      “Al menos dime si te encuentras bien.”

      “Toda la clase está preocupada por ti. Lo siento, estoy mintiendo. Soy el único que está preocupado por ti.”

Pero ¿Qué demonios? ¿Acaso pasó algo mientras estaba dando un paseo? Había algo muy raro a pesar de eso. ¿Por qué se había adelantado una semana, la fecha de mi celular?

—¿Qué es todo esto?

Aturdido en el vestuario, acerqué el celular a mi cara. Mostraba la fecha del 8 de julio. Pero yo salí de mi casa la noche del 1 de julio, así que, si llegué a casa al amanecer, entonces por supuesto que tenía que mostrar el 2 de julio.

—¿Acaso estará roto mi teléfono?

Probé mi teléfono haciendo distintas operaciones. Todo funciona bien. Sólo la fecha estaba mal. La fecha de los mensajes y las llamadas perdidas, también tenían fechas posteriores al 2 de julio.

Sentí un ligero escalofrío. Ya no me dieron ganas de ducharme, así que salí del camerino. Me dirigí a la sala. Tomé el control de la mesa y encendí la televisión. Sólo se estaba reproduciendo el pronóstico del tiempo. Con un piano clásico silencioso como música de fondo, un mensaje en la parte inferior de la pantalla.

      “Hoy es 8 Julio y las probabilidades de una precipitación son de un 10 a un 20%”

Eso era lo que decía. Me froté los ojos pensando que fue algún tipo de error. Mientras lo hacía, se me ocurrió vagamente que cuando la gente se frota los ojos al ver algo extraño, no lo hacen para comprobar si están alucinando o no, sino para reafirmarse a sí mismos que han visto algo extraño.

—No, esto no puede ser.

Hablé conmigo mismo, tratando de distraerme de mi ansiedad. Apagué la televisión, y usé mi celular para hacer una llamada. Luego de hacer unos diez intentos, finalmente me contestaron.

» Hola, habla Kaga.

Escuché la voz de Kaga, que sonaba increíblemente enojado.

—¿Hola? Hay algo que quisiera preguntarte.

» ¿Tienes idea de la hora que es?

—Sí, respecto a eso. ¿Dime qué día es hoy?

» ¿Aah? Bueno, hoy es el día ocho. Son las 4:00 AM.

—¿Estás seguro de eso?

» No hay ningún error. Pero si quieres saber la hora y fecha, entonces mira el reporte meteorológico, y no me molestes a mí. Te mataré. Oye, por cierto, ¿Por qué has estado faltando tanto a la escuela?

La llamada se cortó abruptamente. Miré a ambos lados del celular y vi que se había quedado sin carga. Se murió en un mal momento. Pero pude preguntarle a Kaga lo que quería. Ahora sabía que estaba en el 8 de julio. ¿En serio? Me dio hasta un ligero dolor de cabeza. Eso no podía estar pasando. Estaba seguro de que sólo habían pasado un par de horas como mucho desde que me fui de casa. Una semana era demasiado tiempo para ser un mero malentendido. Una vez más, corrí al vestuario para verme la cara en el espejo. Mi barba apenas había vuelto a crecer. Yo me afeitaba cada tres días, así que, si había pasado una semana, debería tenerla bastante crecida. Y es curioso lo poco que tenia de hambre.

Hablando de locuras, también era extraño lo de mi celular. Normalmente, si dejas el celular encendido durante una semana aun sin hablar ni enviar mensajes de texto, la carga bajaría considerablemente. Pero pude hablar con Kaga hace unos minutos. Creo que sólo solo tenía un diez por ciento de carga cuando entré en el túnel, pero fue hace mucho tiempo. Pensé que mi celular estaba fuera de servicio. La razón por la que la fecha se fijó en el 8 de julio es porque el celular recibió una señal cuando salí del túnel, y se ajustó automáticamente según la hora y fecha de la red.

—Túnel…. Urashima…

Ese túnel donde encontré la sandalia de Karen y también a Kii. Cosas extrañas sucedieron desde que entré allí. ¿Qué me pasó? ¿Amnesia? ¿Estabas alucinando? ¿Alguien me lavó el cerebro? Cuanto más lo pensaba, más se enredaba mi cabeza y más ansiedad acumulaba.

—Es inútil. Mejor voy a dormir un poco.

Mi cabeza estaba saturada. Me fui a dormir, para pensarlo de nuevo cuando me despertara. Mañana… no… mejor dicho, más tarde, tenía que presentarme en la academia.


Written By

orenohonyaku

Traductor japonés-español.