A un paso de la entrada de su casa, Nanase Takeshi se paró e inhaló un poco del aire fresco de la mañana. Era un poco más de las 6:30 AM, hacia buen tiempo y el cielo estaba despejado. Puede que fuera muy temprano como para que un estudiante de secundaria se dirigiera a la escuela, pero Takeshi tenía la costumbre de salir todos los días a esa hora.
Luego de cerrar silenciosamente la puerta de su casa, salió a la calle y comenzó a caminar. Una puerta blanca y fina de una mansión ubicada al lado derecho de su casa se abrió automáticamente cuando pasó frente a ella.

—¡Buenos días, Takeshi! —exclamó una chica vistiendo el uniforme de la misma academia, salió de aquella puerta automática sonriendo dulcemente.

—Buenos días Isoshima…

Tanto Takeshi como aquella chica llamada Isoshima Kurumi, comenzaron a caminar juntos como parte de algo que hacían a diario.

La casa de Takeshi era una casa tradicional para una familia pequeña. Mientras que, por otro lado, la casa de Kurumi, que vivía al lado, era una enorme mansión, la cual llamaban “La Residencia Isoshima”, y era muy famosa en todo el vecindario. A dicha mansión, le rodeaba un amplio jardín por todos lados, y tenía cinco veces más terreno que la casa de Takeshi. Cada vez que pasaba frente aquella mansión y veía la puerta de porcelana abrirse automáticamente, Takeshi se echaba una risa al compararla con la cerca de su casa que tenía una altura que llegaba hasta la cintura.

Al ver a Kurumi, hasta el más ciego se daría cuenta del aura de Ojou-sama* que ella irradiaba.  Sin embargo, para Takeshi, era su amiga de la infancia y se conocían desde que eran niños. Ahora que habían crecido, ella llevaba parte de su largo y lacio cabello castaño atado en una cola por encima del resto de su cabello suelto.


Takeshi, que caminaba junto a ella todas las mañanas, no pudo evitar contemplar su figura: hombros delgados, cejas levantadas y sus ojos que miraban con seguridad. Su pequeña boca cerrada y sus labios rosados, además de su elegante línea del mentón. No llevaba más maquillaje que un labial color rosa, pero eso era más que suficiente. A cualquiera que se le preguntara, diría sin dudar lo linda que era, y si las preguntas fueran más insistentes, cualquiera diría que su belleza era por mucho, incomparable.

 Kurumi, consciente de que estaba siendo observada por Takeshi, alzó la cabeza y preguntó:

—¿Sucede algo?

Takeshi negó ligeramente con la cabeza mientras sonreía y respondió:

—No es nada, tan solo pensaba en lo rápido que se pasó el primer semestre…

Kurumi, que había alzado su vista para mirar el cielo de verano, estalló en una sonrisa y dijo:

—Tienes razón, y cuando menos te lo esperes ya tendremos encima los exámenes de primavera.

—Sí, y pensar que tuve que pasar un mal momento con tus tíos porque te negaste a asistir a esa escuela privada para señoritas en la ciudad. Incluso trataron de hacer que te convenciera.

—¡Yo seré la única que decidirá a donde ir! —dijo Kurumi haciendo un berrinche, a lo cual Takeshi se encogió de hombros— nadie va a contradecirme, y es mi última palabra. Además, creo que eso es lo correcto y mis padres me apoyan.



Mientras Takeshi escuchaba sus alegaciones, preguntó:

—¿Esa es tu decisión?

—Sí, porque si tuviera que ir a esa escuela privada tendría que tomar el tren yo sola. ¿No crees que eso es peligroso?

Takeshi frunció el ceño, mientras trataba de imaginarse a Kurumi viajando sola en un tren.

—Tienes razón, tendrías que tomar el tren para poder llegar a la ciudad.

—¡Exacto! —exclamó Kurumi con felicidad.

Al ver su radiante sonrisa brillando como el mismo sol de la mañana, Takeshi no pudo evitar sentir también un poco de felicidad. Pues poder reír junto a un amigo era una agradable sensación incluso si solo era uno. Sin embargo, cuando llegaron a la escuela, la expresión de Takeshi se ensombreció un poco. Recordando que durante el primer semestre Kurumi no hizo ningún amigo, y pese a ser de clases diferentes, él la observaba de lejos, y durante ese tiempo jamás le vio juntarse con ninguna otra chica, ni siquiera de su misma clase.

Muy al contrario de ella, Takeshi sí tenía muchos amigos y conocidos. En el club de kendo se llevaba bien con senpais de segundo y tercer año, además que también había entablado amistad con chicos de su propia clase. Había sido así incluso desde primaria, donde también conoció a muchas personas y tuvo muchos amigos.

Por tal motivo, Kurumi terminó ingresando al mismo club de Kendo, pero debido a que no había más chicas, los senpais decidieron convertirla en la manager del equipo. Pero al no haber otras chicas, ella no estaba en un entorno en donde pudiera socializar y hacer amigas. Y Kurumi no tenía reparos en explicar que no necesitaba amigos. A ella solo le importaba estar cerca de Takeshi y se molestaba cuando él no estaba. Como era de esperarse, Takeshi comenzó a sentirse incómodo.

Todos los días durante la hora del almuerzo, ella se dirigía directamente al aula de Takeshi para comer su almuerzo junto a él. A decir verdad, no era que eso le molestara, sino que se preocupaba al ver que todas las demás chicas formaban sus círculos de amistad y Kurumi estaba siempre sola. Obviamente aunque se lo pidiera, ella no intentaría entablar amistad con nadie. Y sobre todo resultaba difícil para un chico meterse en los asuntos de una chica, y estaba seguro que a Kurumi no le gustaría que lo hiciera. A pesar de todo, Takeshi miraba fijamente su cuello mientras reflexionaba sobre cuántas veces había meditado en lo mismo.

«Ojalá yo conociera otra chica que pudiera fijarse en las virtudes de Isoshima» y mientras Takeshi pensaba en ello, Kurumi caminaba felizmente con una sonrisa radiante mientras agitaba sus manos igual que un cachorrito meneando la cola.


Cuando Takeshi terminó su entrenamiento matutino con el club de Kendo y llegó al salón, la mayoría de estudiantes ya estaban allí. En sus caras había un particular brillo de felicidad, pues podría decirse que todos esperaban ansiosamente las vacaciones de verano. Por esa razón, el interior del salón se había puesto muy animado.

—¿Y tú Nanase…?

Takeshi se quedó un poco confundido cuando alguien de enfrente, espontáneamente se dio la vuelta y lo llamó luego de unos minutos.

—¿Eh? ¿Yo qué…?

—¿Qué es esa reacción, acaso no me estabas escuchando?

Había otros dos parados alrededor del pupitre de Takeshi y el tercero que lo llamó, había comenzado una conversación desde el pupitre de adelante. Eran unos compañeros de clase y amigos. Por lo tanto, había tres pares de ojos mirando a Takeshi.

—Te preguntaba que adónde irías en vacaciones…

—¡Ahh…! —expresó Takeshi sonriendo sutilmente— estaré ocupado en las actividades del club.

—Ahhh es cierto, tú estás en el club de Kendo…

En ese momento, los tres que charlaban acerca de las vacaciones de verano le dieron la espalda. Todos tenían sus mentes puestas en las vacaciones de verano, solo hablaban de viajes familiares y clases suplementarias.

Mientras Takeshi escuchaba atentamente las conversaciones, observó a un alumno que iba entrando tarde al salón. Con un llamativo cabello rubio, el uniforme desalineado y las zapatillas sucias. Caminó hasta el último asiento y colocó su maletín. Casi todos los alumnos del salón se voltearon para mirarlo sin disimulo alguno, con miradas de desprecio.

Ese estudiante era Ida Kazumi. El centro de atención de la academia (en el mal sentido), muchos rumores desagradables corrían a su alrededor, y por tal razón, tanto los estudiantes como los maestros lo trataban como escoria. Pero Ida observó las miradas de todos sin prestarles la menor importancia, aunque se detuvo cuando notó que la mirada de Takeshi también estaba puesta sobre él, entonces le devolvió la mirada y le lanzó una sonrisa. Un poco confundido por el gesto, Takeshi también le lanzó una sonrisa en silencio mientras intercambiaban miradas. En ese momento uno de los amigos de Takeshi se dio cuenta de lo que estaba pasando y frunciendo el ceño dijo:

—Nanase, ignóralo…

— ¿Por qué? ¿Pasa algo?

Tres de sus compañeros, comenzaron a hacer alboroto en ese momento:

—Oigan… Nanase e Ida…

Entonces Takeshi e Ida se voltearon pretendiendo que nada había pasado.

—Solo estaban haciendo contacto visual. —Dijeron, y luego sacaron sus conclusiones entre ellos tres diciendo:

—Quizás ambos se llevan bien…

—Tienes razón.

—¿Cómo? ¿Un chico tan serio y un delincuente?

Con esa descripción, era obvio que con chico serio se referían a Takeshi, y delincuente era la descripción de Ida. Pero al escuchar eso, Takeshi no podía evitar tener sentimientos encontrados. Por lo tanto, sonreía irónicamente.

—Realmente no me considero una persona tan seria… —Objetó Takeshi.

—¡No, no! A ver… ¿quién es el más serio de la clase? —dijo alguien.

Los tres inmediatamente señalaron a Takeshi.

—¡Oigan!

—Es obvio que eres tú.

Takeshi dejó salir un largo suspiro y luego dijo:

—Al menos es mejor que ser considerado un delincuente.

Pero inmediatamente esa comparación fue negada rotundamente por los tres compañeros:

—Por supuesto que eso no pasaría.

—Yo no me puedo imaginar a Nanase siendo un delincuente.

—Yo solo puedo verlo llevando una vida tranquila.

Los tres asintieron al estar de acuerdo.

—¿Vida Tranquila? —Preguntó Takeshi, alzando la vista para interrogarlos.

—¿Eh? Sí, bueno…

Uno de los tres, se quedó sin palabras para contestar, pero otro de los compañeros continúo las palabras del anterior:

—Sí, por ejemplo: tú que practicas tanto el Kendo, bien podrías convertirte en un oficial de policía, y tener una bella esposa.

—Estoy seguro de que hay otras maneras. —opinó Takeshi.

—Tienes razón.

—Me pregunto quién podría ser esa esposa hermosa…

—No creo que esa sea una vida tranquila.

Los tres chicos trataban de imaginarse sarcásticamente a la supuesta esposa hermosa. Pero Takeshi ya sabía en quien ellos estaban pensando. Aun así, no tenía ganas de negarlo. Ni siquiera podía.

—Ustedes hablan demasiado… —objetó.

—Ser serio es el primer paso a una vida maravillosa… —respondieron los tres asintiendo unánimemente.

—No puede ser, creo que estoy a punto de sentir envidia. —Dijo uno.

—Bueno, es que si es envidiable. —Respondió otro.

— ¿Eh? Pero, tú habías dicho que irías a la escuela de leyes… —dijo el otro, cambiando rápidamente el tema de conversación.

—Sí, pero… me he dado cuenta que hoy en día ser abogado no es muy bien pagado. Aún estoy pensando si mejor debería aspirar a otra cosa.

Cuando los tres compañeros comenzaron a hablar de un tema diferente, Takeshi finalmente pudo respirar aliviado. No había frase más sarcástica para él en ese momento que la de “Vida Tranquila”. En su vida solo podía aspirar a buscar el perdón por todos los errores que había cometido. Para Takeshi ese futuro estaba muy lejos. Y lo único que veía era un oscuro abismo que se iba acrecentando cada vez más, el cual era tan realista que le hacía sentirse deprimido.


Todos los días después de clases, Takeshi tenía práctica con el club de Kendo, y regresaba a casa cuando ya casi era de noche. Luego de haber escoltado a Kurumi (la manager del equipo) hasta su casa, se dirigió hasta su propia vivienda, y con una expresión llena de depresión, abrió la puerta de su casa.

—Ya volví… —Exclamó.

Tal y como hacían tradicionalmente las familias japonesas, lo normal era anunciar su llegada y Takeshi no fue la excepción.

Había solo una luz brillante encendida en el pasillo y al mirar en la entrada, notó que, junto a los zapatos de su madre, había unas zapatillas que eran más o menos de su talla.  En la sala que estaba más allá del pasillo, podía verse vagamente una sombra que se movía al otro lado de una puerta de cristal esmerilado. En el momento exacto en que se quitaba los zapatos silenciosamente, risas provenientes de esa dirección llamaron su atención. Pero lo que hizo fue apresurarse para llegar a su habitación ubicada en el segundo piso y en el momento que entraba a su habitación, escuchó las voces de su madre y su hermano menor que conversaban en el primer piso.

Ya era hora de acabar con la cena, así que Takeshi había planeado que después de ayudar con los platos se cambiaría de ropa. Estaba todo sudado y quería tomar un baño, pero en ese momento era el turno de su hermano. Como de costumbre, no quiso cenar con ellos y su madre ya había lavado los platos, así que no había forma de matar el tiempo.

 Takeshi siempre tomaba todas las medidas cautelares para interactuar con su familia lo menos que se pudiera. Ya llevaba dos años con el mismo estilo de vida, justo desde el momento en que cierto accidente ocurrió. Durante ese periodo, permanecer en su propia casa se había convertido en un verdadero calvario para Takeshi. Debido a su extraordinaria habilidad, era poseedor de un rango alto en el Kendo. Por esa razón el Kendo se había vuelto el único medio por el cual podía liberarse de las ataduras de su propia casa. Aun así, cuando estaba allí, le tocaba lidiar con los problemas familiares que le aquejaban.

Comenzó a practicar Kendo desde que estaba en la primaria. Él y su hermano menor, Gekkou (un año menor que él), asistían juntos a un dojo. Ambos eran muy unidos, pero ocurrió un accidente que marcó un punto y aparte en la vida de Takeshi. Gekkou comenzó a evitarlo, su padre y su madre comenzaron a tratarlo de igual forma.

 A partir de ese fatídico día, todo cambió para Takeshi. Cada vez que se encontraba con su madre, ella era indiferente con él, su padre dejó de llegar a casa como lo hacía antes y su hermano menor, Gekkou, ahora lo odiaba por completo. Takeshi ya no podía ni siquiera recordar la última vez que había reído dentro de su casa y solo para llevar las cosas en paz con su familia, él debía quedarse en su cuarto en completo silencio y tener cuidado de no toparse con ninguno de ellos. Según su familia, él era el culpable de todo.

Después de cambiarse de ropa, Takeshi aguzó el oído para escuchar si había algún movimiento en el piso de abajo. Gekkou seguía en el baño por lo que había un fuerte ruido de agua. Entonces aprovechó para bajar a la cocina y comer un poco, luego regresó rápidamente a su habitación. Esperó a que su hermano terminara de bañarse y cuando se dio cuenta de que Gekkou estaba viendo la Televisión en la sala, el corrió a meterse al baño y cuando terminó de bañarse, regresó de nuevo a su habitación donde solo le quedaba esperar hasta el día siguiente.

Una vez que se acostumbró a ese estilo de vida ya no le parecía tan malo. Porque, aunque no pudiese interactuar con su familia, en la escuela sí tenía a muchas personas con quien hablar. Y mientras pensaba en eso, Takeshi dejó salir un pesado suspiro.

—Ojalá el día siguiente llegara más rápido… —Murmuró.

Entonces se acercó hacia la ventana de su habitación que daba hacia la residencia Isoshima en cuyo jardín estaba plantado un desconocido árbol de hojas anchas que se balanceaban con la brisa mientras una sombra brincaba entre las ramas.

—Qué sombra tan grotesca —pensó Takeshi— ojalá el mañana llegara más rápido.

Las ramas de aquel árbol, en ese momento se agitaron ligeramente como si estuvieran de acuerdo con él.

—Si pudiera salir de esta casa, cualquier lugar estaría bien, incluso el mismo infierno.

En la escuela, Takeshi era una persona muy diligente y sociable, por eso se había rodeado de personas a las que podía considerar amigos, pero estando dentro de su casa, no era más que una sombra de eso. En ese momento el mayor anhelo de Takeshi era que llegara el siguiente día, pues las vacaciones de verano no hacían más que aumentar la desagradable sensación de pasar tiempo en su casa. Y por eso las últimas vacaciones de verano que había vivido, habían sido siempre deprimentes.


Era el segundo día de las vacaciones de verano, y aunque no había clases, la Academia estaba impregnada en un ambiente animado debido a los enérgicos estudiantes que habían llegado allí para realizar actividades con sus respectivos clubes.

—Takeshi, vas a estar en el dojo, ¿cierto?

Cuando llegaron a la Academia, Kurumi que había llegado junto con él, tomó un camino separado para dirigirse al vestuario de las chicas mientras Takeshi continuaba su camino hacia el Aula del club. Ya eran casi las 9:00 AM y se podían escuchar los gritos alentadores de los clubes de atletismo que ya habían comenzado sus prácticas. Las notas musicales interpretadas por el club de instrumentos de viento, también podían escucharse haciendo eco en el interior del edificio principal.

Takeshi se encontraba caminando a todo lo largo de los salones que pertenecían a los diferentes clubes cerca del complejo deportivo, cuando de pronto, un estudiante que venía desde el parqueo de bicicletas vino hacia él agitando su mano enérgicamente para saludar. Incluso a la distancia, la silueta de aquel estudiante era muy familiar e inconfundible para Takeshi.

—¡Buenos días, Ida! —Exclamó.

—¡Qué tal!

La persona que se le acercó era Ida, su compañero de clase. A medida que la distancia se iba reduciendo, se hacía más notorio aquel escandaloso brillo de su cabello color rubio en puntas sostenido por gel y su llamativa ropa casual que no estaba permitido llevar en la escuela.

—Los maestros te va a regañar si te ven vestido así… —dijo Takeshi mientras señalaba la camiseta color rojo intenso que llevaba puesta, a lo que Ida hizo una mueca y respondió:

—Traer uniforme hasta en vacaciones… ¿Qué somos? ¿Militares?

En ese momento a Takeshi le dio curiosidad la razón por la que Ida había llegado a la academia a pesar de que el no formaba parte de ningún club.

—Solo vengo porque tengo clases suplementarias, ¿y tú, Nanase? Has venido porque tienes actividades con tu club, ¿cierto? Eso debe ser molesto…

—Cuando algo te gusta, no es molesto… —Respondió Takeshi.

A decir verdad, estar allí era un motivo digno de celebración, ya que le permitía estar fuera de su casa, pero no iba a contárselo a nadie. De pronto, por alguna razón, Ida comenzó a mira a su alrededor con inquietud.

— ¿Qué pasa? —Preguntó Takeshi.

—Bueno… es que, si los demás nos ven juntos podría ser malo para tu reputación.

—¿Reputación?

—Sí, debes tener cuidado.

Por alguna razón, Ida parecía aliviado al revisar su entorno y ver que no había nadie cerca.

Para muchos, habría sido extraño ver a esos dos juntos, pues ambos eran como el agua y el aceite. Ida quien en apariencia era todo un yanqui, y Takeshi, el más diligente y responsable devoto del Kendo. Debido a esa apariencia externa, Ida era conocido como alguien extravagante en toda la escuela. Aunque hubiera otros estudiantes con el pelo teñido, a los maestros solo les preocupaba Ida. Él era especial porque él era asertivo y exteriorizaba una presencia feroz. Además de que tenía una mirada malvada y utilizaba el dialecto de Osaka. Por eso, ningún estudiante se le acercaba así porque sí. Takeshi era uno de los pocos que se le acercaban y hablaban con él.

—En realidad, eso no es algo que me importe… —dijo Takeshi, cuando Ida relajaba su expresión.

—Pues debería…

Respondió Ida, pues no era la primera vez que lo escuchaba.

—No me importa ni a mí, ni tampoco tiene por qué importarle a los demás… creo que se preocupan demasiado por eso en este lugar.

En ese momento, Ida frunció el ceño al escuchar esa queja de parte de Takeshi y dijo:

—Sé que has dicho que no te importa, pero creo que deberías tomarle más importancia. Supongo que la única manera en que a nadie le preocuparía que tú y yo habláramos, sería solo si tú fueras alguien igual a mí. Así que mejor debería dejar de hablar contigo. Je je…

Ida desvió la mirada mientras reía sarcásticamente… Takeshi en ese momento negó con la cabeza y dijo:

—No, porque si vienes aquí y no me hablas, me quedaré hablando solo…

—Supongo que eso no sería muy cortés de mi parte… —contestó Ida, poniendo una expresión complicada, entonces Takeshi agregó:

—Bueno, en todo caso, quizás debería seguir tus pasos y ser un espíritu libre. Me teñiré el pelo y usaré una camiseta como la tuya, de esa forma no resultará extraño que hablemos, ¿verdad?

Ida, abrió mucho los ojos al escuchar la propuesta de Takeshi, porque en su expresión parecía estar contemplando eso como una buena idea.

—¡Alto! No digas algo así. Si eso pasara, te golpearía en la cabeza y llevaría al hospital para que recapacitaras. Además, qué tiene mi camiseta. ¿estás loco?

—Intentaré averiguar en dónde compraste esa camiseta. —dijo Takeshi, señalado la llamativa camiseta color rojo.

Sin embargo, Ida se quedó mirando fijamente la expresión seria de Takeshi. Y después de un rato dejó escapar un largo y pesado suspiro.

—Tú… ¿Tú usando una camiseta como esta…? ¿Con esa cara que traes? Vaya imaginación la que tienes… simplemente no concuerdan.

De pronto, Ida se echó al suelo a reír a carcajadas.

—¿Ida?

—¡¡¡No puede ser…!!! ¡¡¡Tú…!!! ¡¡¡Tienes una imaginación muy divertida…!!!

Durante mucho tiempo, Ida rodo por el suelo riendo. Pero después de un rato alzó la vista con ojos llorosos y dijo:

—Dices que quieres parecerte a mí, pero deberías olvidarte de eso. Ese estilo no te queda.

—Eso crees?

—¡Por supuesto! —Contestó Ida con firmeza.

En ese momento la campana comenzó a sonar desde el edificio de la escuela.

—¡Uwah! Es la campana, si llego tarde no me darán mis créditos. ¡Te veo luego, Nanase!

—Claro…

—¡Por cierto, no cambies y olvida lo de la camiseta!

Después de decir eso, Ida se levantó y se marchó.

—Entonces… ¿no sería adecuado? —Murmuró Takeshi, y luego siguió su camino hacia el salón de su club.

Cuando Takeshi entró al salón, otro estudiante de primer año ya estaba adentro cambiándose.

—¡Qué tal, Nanase!

—Buenos días.

El salón del club era pequeño, solo tenía 4 tatamis de ancho y tenía asientos uno al lado del otro en todo lo largo de la pared. Takeshi sacó su uniforme de Kendo y comenzó a cambiarse de ropa. Todos los demás miembros ya se habían cambiado y ya se habían ido hacia el dojo.

Mientras Takeshi se ponía su uniforme lo más rápido que podía, su amigo le habló:

—Oye, hace un rato estabas con Ida, ¿cierto? Vi que hablabas con él.

La verdad es que todo aquel que se dirigiera hacia el salón del club los habría visto.

Aparentemente incluso la clase de al lado estaba familiarizada con Ida por lo que era normal que se sorprendiera al verlos hablando juntos. De pronto el chico sacudió la cabeza pensando que solo estaba confundido.

—No… no puede ser, ¿tú hablando con Ida Kazumi? Qué locura….

—No es un mal tipo ¿sabes? —Respondió Takeshi mientras se colocaba el hakama color azul marino.

—Bueno, puede que tengas razón, pero no podemos negar que da mal aspecto. ¿Qué van a decir los maestros si te ven hablando con él?

La Academia Sakuraya era una escuela preparatoria para estudiantes que planeaban asistir a la universidad. Desde el primer año, los estudiantes que entraban allí se preocupaban mucho por obtener buenas calificaciones. Entonces, Takeshi comprendió que había una conexión entre Ida y sus calificaciones. Él estaba sorprendido al saber que esa era la verdadera razón por la cual otros mantenían su distancia con él, porque para otras clases, Ida parecía solo ser alguien desafortunado. Pero Ida prestaba atención a los maestros, y Takeshi que estaba en la misma clase era testigo de eso. Pero, aun así, estar con él no afectaba a sus calificaciones.

—Es un tipo bastante normal, ¿sabes? Cuando hablé con él hoy, dijo que tenía clases suplementarias. Creo que, a pesar de su apariencia, él también es alguien muy serio. —Respondió Takeshi encogiéndose de hombros al defender a su amigo.

—Si tú lo dices. Aunque desde secundaria corre el rumor que estuvo involucrado en una pelea con otra escuela, según dicen, varias personas que estuvieron en la estación fuero testigos.

— ¿Y ya verificaste si eso es verdad? Además, dejando de lado que ese rumor es viejo, si así hubiese sido, al menos debería haber tenido una o dos lesiones, ¿no crees? Por lo tanto, eso no es más que un rumor.

De repente luego de que su amigo terminó de escuchar la explicación, se cubrió la cara con el brazo.

—Entonces tú y ese chico realmente…  —Murmuró mientras imitaba a alguien llorando.

—¿Qué quieres decir? —Preguntó Takeshi con una expresión de enojo, confundido por el gesto de su idiota amigo.

—¡Nada! ¡Nada! Estoy de acuerdo con lo que dices… parece que fallé al tratar de persuadirte, Nanase. ¡Eres increíble!

—Eres un tonto ¿sabes?

—Claro que no…

Takeshi aún seguía enojado con su amigo, pero forzó una sonrisa en su rostro, y después de un momento, su amigo le dijo en voz baja:

—Aun así, sé más cuidadoso. Si te involucras demasiado, podría perjudicarte.

 Takeshi se sorprendió al escucharlo, eso ya atenuó su sonrisa.

—Agradezco tu preocupación, pero estaré bien. —Agregó, pensando en que no era saludable estar siempre preocupado.

—¡Uooou…!

—¿Qué te pasa? —Preguntó Takeshi sorprendido por el súbito arrebato de su amigo.

—Es tal como pensé, tú y él…

En ese momento el compañero golpeó ligeramente su hombro de Takeshi y luego de retroceder un par de pasos, dio un salto hacia la puerta y dijo:

—Me voy a adelantar, como eres el último en salir, te encargo de cerrar la puerta.

—¡Oye!

En ese momento, el compañero se marchó al dojo, y mientras se quejaba de su despiadado, Takeshi alzó la mirada y miró el reloj de la pared que ya daba las 8:57 AM. Por más rápido que corriera, sería imposible para él llegar a las 9:00 AM.

—¡Demonios! Qué remedio…

Si llegaba tarde, los senpais de segundo año lo obligarían a hacer la limpieza de todo un día.  Entonces terminó ponerse su uniforme lo más rápido que pudo, y se apresuró a salir del salón del club. Corrió por un rato bajo el sol abrasador completamente empapado en sudor, cuando de repente se dio cuenta que había olvidado algo.

—No puede ser, olvidé mi toalla… —Murmuró mientras miraba su mano vacía.

Estaba preocupado por el hecho de que tenía que regresarse a pesar de estar muy cerca de llegar. Pero en ese momento Takeshi no tenía idea de que esa acción alteraría su destino de una manera grande. Quizás si hubiese estado consciente de ello, probamente el no habría vuelto a buscar su toalla. Los únicos pensamientos de Takeshi en ese momento eran el hecho de que estaba retrasado y se vería obligado a realizar muchas labores.


Consciente de que había olvidado su toalla, Takeshi se regresó al salón del club, y mientras corría de regreso, frunció el ceño al recordar un incidente que le había pasado esa misma mañana. Él siempre tenía el sumo cuidado de no encontrarse con su familia por las mañanas, pero ese día no tuvo suerte. Se topó con su hermano menor Gekkou, que estaba en el baño arreglándose el cabello. Al estar perplejo por la repentina desventura, Takeshi decidió que debía saludarlo, pero en respuesta, recibió un empujón de su hermano que a la fuerza lo apartó de su camino para marcharse a la cocina sin siquiera voltearlo a ver.

A diferencia de Takeshi, que iba a la escuela en vacaciones de verano solamente por las actividades del club, Gekkou, que estaba en tercer año de secundaria, todavía tenía clases. Pero, en cualquier caso, era muy raro encontrarse con él a esa hora. Aun en vacaciones de verano, era normal para Takeshi marcharse de casa a las 6:30 AM debido a su entrenamiento matutino. Sin embargo, era muy raro que Gekkou estuviera despierto a esa hora. Por eso, las probabilidades de encontrarse con él eran muy bajas.

En ese momento, Takeshi regresó al salón del club con un gran suspiro, pensando en que debería tener más cuidado y mejor levantarse más temprano para irse de casa antes. Aún estando consiente del odio que Gekkou le tenía, todavía le resultaba difícil ver que él no contestara a sus saludos ni aun encontrándose por casualidad, aún si él tenía la culpa de lo que pasó.

En el momento en que Takeshi llegó de regreso al salón del club y sujetó el picaporte de la puerta, lo giró y sintió que algo estremeció su cuerpo.

—¿…?

En ese momento tuvo la sensación de haber escuchado algo-

—Avor… uda…

Se dio cuenta que era una persona con una voz femenina, pero hablaba demasiado bajo como para que sus palabras pudieran ser entendibles.

—¿Quién es? —Preguntó Takeshi.

Parecía que la voz venia de un salón contiguo al del club de kendo. Entonces, Takeshi se dirigió allí e intentó abrir la puerta del salón del club de Judo, ubicado al lado izquierdo del salón de kendo, pero la puerta del club de judo no estaba con llave y pudo abrirla. Luego miró adentro, y notó que allí no había nadie, sin embargo, el olor a sudor pellizcó su nariz y salió de inmediato.

—¿Hola? Si hay alguien… responda…—Exclamó, dirigiéndose ahora al salón del club de voleibol, pero nuevamente no escuchó nada.

—¿Acaso fue mi imaginación? —pensó ladeando la cabeza, y luego se regresó al salón del club de Kendo pero, a cinco metros de distancia, una puerta se abrió de golpe haciendo un gran ruido, entonces Takeshi giró rápidamente para mirar.

—Por… favor… ayuda…

De esa puerta, que era la del baño, salió una persona que, mientras murmuraba, se derrumbó en el suelo. Lo primero que Takeshi pudo notar fue el pelo negro de la chica que se extendió por el suelo brillando con el sol matutino, como las plumas de un cuervo. Ella vestía con un uniforme desconocido: una blusa mangas cortas y abultadas con tres franjas de color azul marino en el borde, desde donde salían sus excesivamente delgados y blancos brazos posados sobre el suelo mientras ella se encontraba desparramada en el piso.

En silencio, se acercó a ella que tenía sus ojos cerrados y sus labios de color rosa ligeramente abiertos.

—O…oye… ¿estás bien? —preguntó Takeshi, tocando sus delgados hombros.

El lugar en donde Takeshi la tocó transmitía un calor intenso. La observó detenidamente y notó que respiraba dificultosamente por la boca. Parecía como si hubiese corrido con todas sus fuerzas. Tras una breve inspección más, notó que sus rodillas estaban sangrando.

— ¿Y ahora qué hago…? —Se preguntó Takeshi, y entonces sacudió sus hombros una y otra vez:

—Oye… ¿Estás bien?

Sin embargo, su respiración se volvió más pesada.

—Supongo que no hay de otra…

Como las actividades de los clubes ya habían comenzado no había nadie a quien pudiera pedirle ayuda. Entonces, Takeshi la tomó por su brazo izquierdo y la levantó:

—¿Puedes ponerte de pie…? Voy a moverte a otro lugar, en donde podrás recostarte y descansar…

Le resultaba difícil permanecer de pie mientras la sostenía de su hombro. Ella se había desmayado y se había inclinado ligeramente hacia él.

—Nnn. gu gu gu gu…

La estaba sosteniendo en una posición incómoda e intentó caminar, pero tal y como esperaba, fue muy difícil. Entonces se agachó una vez más, acercó su espalda y se la echó encima. Sus dos brazos colgaban flácidos por delante del pecho de Takeshi, y aunque dudó un poco sobre cargarla de esa forma, se obligó a sí mismo y se paró sobre una rodilla. La chica era bajita, pero se había vuelto flácida, y sus brazos aplicaban un peso opresivo sobre el cuello de Takeshi al estar alrededor de él.

—No, así tampoco se puede. Esta es una mala forma de cargar a alguien…

Usando esas palabras como justificación, se llevó las manos hacia atrás y sintió sus muslos, puso sus brazos por debajo de cada pierna y se levantó del suelo una vez más con ella sobre su espalda. Así era mucha más fácil que cuando intentó arrástrala, sin embargo, sería terrible si alguien lo viera haciendo eso.

«Espero que nadie nos vea» —Pensó Takeshi, y con ese deseo, comenzó a apresurarse. Corrió hacia el interior del edificio mientras cargaba a esa desconocida chica.


Takeshi estaba extrañamente avergonzado de sentir el calor y el peso de la chica. Se sentía mal por ella, y estaba nervioso al mismo tiempo que corría para llegar a la enfermería de la academia. A pesar de estar desmayada, los largos suspiros de la chica resoplaban en su oído haciéndole sentir incómodo. Sus manos se hundían en sus suaves muslos, además, estaba empapado en sudor, tal vez por encontrarse corriendo en un ambiente con una temperatura que superaba los treinta grados. Así que no sería raro pensar en que ella podría despertar y ponerse a gritar por el olor.

Cuando por fin vio la enfermería al otro lado del pasillo, Takeshi se sintió aliviado.

—¡¡Disculpe!! —Exclamó, abriendo hábilmente la puerta con el pie— ¡Sensei!, ¿se encuentra aquí?

La enfermería no estaba cerrada, pero no se veía a nadie por ningún lado, y, con un poco de duda, Takeshi llevó a la chica hasta el lugar donde había dos camas alineadas una al lado de otra. Se inclinó ligeramente y desenrolló el futón con una mano. Luego se dio la vuelta dándole la espalda a la cama, y dejó que la chica se deslizara suavemente sobre él, e involuntariamente retomó el aliento.

—Haa… estaba pesada…

Luego miró el reloj de la pared y se sorprendió por la hora que era.

—¿Ah? ¡Demonios, la práctica!

Luego miró hacia la cama en donde la chica se encontraba reposando con sus manos colocadas en una posición que parecía que estuviera rezando y dijo:

—No te lo tomes a mal… pero no sé en dónde están todos y me tengo que ir…

En ese momento involucrase con esa chica era solo buscarse más problemas, sobre todo porque luego de que los estudiantes de 3er año se graduaron el verano pasado y dejaron a cargo a los de segundo año que resultaron ser más estrictos. Cuando Takeshi estaba a punto de dejar la habitación la chica se quejó.

—Uuh… uuhh

Reflexivamente volteó a mirar hacia atrás, con cierta duda.

—¿Ya despertaste? —Preguntó Takeshi, acercándose de nuevo a la cama.

—…san…

Ella había empezado a murmurar algo.

—Nii… san…

—¿Nii-san? —Preguntó Takeshi, y en un intento por entender lo que decía, acercó su rostro al de ella.

—No te vayas… por favor, no te vayas… —Murmuró la chica, y luego su mano se movió de repente, sujetando la manga del uniforme de Kendo de Takeshi.

—Oye… aguarda…

Intentó separarse de ella, pero lo tenía con tanta fuerza que solo consiguió acercarse más. De los ojos de la chica, gotas de agua se hicieron visibles y llamaron su atención mientras corrían por los lados de su rostro.

Haaa~ un suspiro se escapó de la boca de Takeshi. Si él se separaba de ella en el estado que se encontraba, eso lo habría dejado mal parado.

—Si así va a ser, supongo que diez minutos tarde es lo mismo que treinta. —Comentó.

Con el hombro agachado e inmovilizado, Takeshi la miró una vez más. Aunque tenía los ojos cerrados, daba la impresión de ser una chica muy linda. Con su cabello negro y sedoso con flequillos de proporciones iguales en la frente, y una piel tan blanca como la de un bebé, una nariz redonda y una boca pequeña que generaban una impresión infantil, tal vez sus rasgos no habían cambiado mucho desde que creció. En ese momento, Takeshi recordó la sensación de cargarla sobre su espalda y los músculos de su espalda se estiraron reflexivamente.

—No, no, no…

Takeshi sacudió la cabeza. Tal parece que era mejor sacar inmediatamente de su mente la sensación de suavidad de sus pechos y muslos sobre su espalda. En ese momento se sentó sobre la cama, y aunque hubiera querido ir a traer una silla, no podía, porque ella seguía aferrada a su uniforme.

—Nii-san ¿eh?  —Murmuró Takeshi, preguntándose si ella también había tenido una pelea con su hermano, porque si ese era el caso, lo mejor era que se reconciliaran cuanto antes para no acabar como él. Por esa experiencia propia, Takeshi sabía que, si la pelea iba demasiado lejos, su relación podría llegar a términos de no poder repararse. Ser hermanos no aseguraba un perdón incondicional. Takeshi ya no recordaba la última vez que habló con Gekkou, su madre discutía todo tipo de cosas cuando la academia la llamaba para alguna entrevista y su padre no decía mucho. Su casa no era igual que la de otras personas, aunque vieran a Takeshi junto a su familia, su existencia junto a ellos era en realidad como la de una sombra atrapada en otra dimensión.

 Y así, mientras Takeshi se perdía en sus pensamientos, la mano que lo sostenía se aflojó inesperadamente y levantó la cabeza. Las pestañas de la chica tendida sobre la cama temblaban débilmente, y luego sus enormes y hermosos ojos se abrieron abruptamente. Mirando a Takeshi que la miraba fijamente, ella brincó de la cama como un resorte pensando que él era un acosador.

—¿¡Quién eres tú!? —Exclamó la chica.

Luego se puso de rodillas sobre la cama y sacó un objeto desde la pretina de su falda cerca de la espalda baja, y lo apuntó a Takeshi.

— ¿¡Qué… qué es eso!?

Mientras observaba el objeto con el que ella le apuntaba, Takeshi también brincó de la cama y retrocedió.

—Es un juguete… ¿cierto? —Preguntó.

 Sin embargo, el objeto era de un color negro muy profundo, y contrariamente a parecer frágil, la chica tenía una chispa muy aguda en su mirada. Su delgado dedo blanco estaba puesto sobre el gatillo, y en el momento en que ella sacó ese objeto que en realidad parecía una pistola, toda la habitación se impregnó en una clara intención asesina. Con el arma siendo apuntada hacia él, Takeshi se paralizó y tan solo miraba a la chica con una expresión en blanco, pero la mente de la chica finalmente se aclaró por completo y sus ojos vacilaron.

—¿Dónde estoy…?

Durante esa breve pausa, Takeshi logró responder de alguna manera:

—Es la enfermería de la Academia Sakuraya…

—¿Enfermería? ¿Por qué estoy aquí? —Preguntó la chica.

—¿Cómo que por qué?

La boca del cañón que apuntaba hacia el pecho de Takeshi fue movida ligeramente. Era una situación muy poco realista en la que se había visto envuelto al principio, pero poco a poco recuperó la compostura a pesar de que seguía sin comprender por qué la chica que salvó estaba ahora apuntándole con una pistola.

Era obvio que su sentido de la lógica aun no había encontrado la respuesta, además que estaba comenzando a irritarse cada vez más. Él la había llevado hasta la enfermería, y se había quedado con ella porque se sentía preocupado, solo para que ella devolviera el favor apuntándole con un juguete que parecía ser una pistola que, en realidad, no sabía si de verdad era falsa o era real y estaba cargada de balas, ¿quién no se ofendería después de algo así?

—Hace un rato te vi colapsar en el suelo frente a mí, así que solo quise ser amable y por eso te traje hasta aquí. —Comentó Takeshi irritado, entonces la chica frunció el ceño al escuchar esas palabras y preguntó:

—¿Tú me trajiste?

Pero Takeshi no respondió, porque no estaba acostumbrado a repetir lo mismo dos veces. Ignorando el arma que le apuntaba, le dio la espalda a la chica, confiando en que la pistola era de juguete, pero si en todo caso fuera real y le terminaba disparando, no le dolería tanto.

—Tus piernas están heridas… hay que desinfectar eso. Luego vuelve aquí para que te den medicina.

En ese momento, Takeshi comenzó a alejarse de la cama y se dispuso a abandonar la habitación, entonces la chica también se levantó de su lugar como si decidiera que ella también debía marcharse.

—¡Espera…!

Sin embargo, debido a su mala postura sobre la cama, cuando levantó su cuerpo no respondió y perdió el equilibrio.

—¡Ah…!

Cuando Takeshi escuchó la exclamación de la chica, se dio la vuelta y extendió los brazos.

—¡Cuidado!

Sin embargo, no fue capaz de detener la velocidad con la que la chica caída cuando se tropezó y se sujetó de su brazo.

—¡Kyaaaa!

—¡Uwa!

La chica sí logro detenerse de alguna manera, pero rompió el equilibrio de Takeshi y ambos cayeron juntos. En ese momento, algo así como delgadas hebras rosaron las mejillas de Takeshi, seguido de una sensación de firme y cálida presión contra sus labios. Sus ojos se abrieron de par en par ante tal extraña sensación que, hasta el momento, nunca había experimentado. El momento duró poco, porque la chica que había caído sobre él, puso sus manos sobre el pecho de Takeshi, levantó su cuerpo y se separó de él.

En ese momento Takeshi parpadeaba rápidamente, analizando lo que había sucedido.

—Aaah… bueno…

Ante sus ojos, la chica que encima de él todavía apoyaba una mano sobre su pecho, comenzó a temblar. Les tomó un tiempo a ambos darse cuenta de lo que había pasado, pero entre los dos, la chica fue la primera en darse cuenta.

—¡¡IYAAAAAA!!

En ese momento, comenzó a gritar fuertemente, sujetó su arma con fuerza, la apuntó, y comenzó a disparar. Fue tan repentino que Takeshi ni siquiera pudo ver que el arma produjera algún destello, simplemente se produjo una explosión en su frente y cuando apenas pudo verla, sintió que su cuerpo perdió el sentido de la gravedad y salió volando para después sentir un dolor agudo en su espalda.

—Uh… uh…

Su respiración se volvió pesada y le costaba cada vez más respirar. Había sido arrojado al centro de la habitación, derribando el escritorio, para luego salir rodando por el piso.

«¿Ayy… qué fue eso?»

Takeshi se sentía adolorido y confundido a la vez, pues no tenía idea de lo que le acababa de pasar. En cuanto a la chica, parecía estar aterrorizada por lo que acababa de pasar. Con sus manos temblorosas, seguía apuntando su arma a Takeshi, y luego dejó caer su peso sobre una rodilla. Todo su cuerpo temblaba al igual que su mano derecha que estaba presionada sobre la izquierda. Aun así, su postura era firme y la boca del cañón no perdía de vista a Takeshi.

Mientras tanto, él estaba poniendo atención a una dulce fragancia que podía oler justo en el lugar donde la chica había apoyado la cabeza sobre su uniforme de kendo, y la increíble sensación de sus labios seguía presente en él.  Con excepción de sus pensamientos previos sobre lo que había pasado hace un rato, todo lo demás se había desvaneció en el olvido y se sentía como si volara más allá del horizonte hasta los confines del universo.

En un instante, Takeshi recobró el conocimiento y aunque se sentía muy adolorido, hizo el esfuerzo de levantarse mientras la chica lo miraba. Ella aun seguía sujetando su pistola frenéticamente y con fuerza. No se sabía el porqué ella portaba un objeto capaz de lastimar a otros. Era importante saber si había una conexión entre ese objeto y el hecho de que ella se desmayara. Ese pensamiento se cruzó por la mente de Takeshi y la situación actual era incluso más extraña debido al fuerte dolor que sentía en su cabeza.

—Oye… —Takeshi llamó a la chica, pero ella no respondió.

—Hace un momento me disparaste con eso, ¿cierto? Sin embargo…

En ese momento revisó su frente.

—No parezco estar herido…. ¿sabes qué pudo haber pasado?

Él tenía esa duda, porque si se hubiera tratado de un arma real, él ya debería estar muerto. Pero la chica seguía mirando a Takeshi en silencio mientras sostenía su arma.

—Lo que pasó hace un momento fue un accidente… no tenemos por qué contárselo nadie… finjamos que nunca sucedió….

En ese momento la chica rompió el silencio y dijo:

—Dices eso, pero seguro que estás pensando en algo pervertido… Por cierto, quiero que te alejes de mí…

En ese momento, la chica hizo un berrinche alzando los hombros como si fuera un gato enojado.

—¿Algo pervertido? No creo que haya sido para tanto.

A pesar de su comentario, él todavía tenía presente la sensación y no pudo negarlo.

—¿Por qué…? ¿Por qué en la boca…?

—Bueno…respecto a eso… lo siento…

A pesar de que la disculpa de Takeshi era sincera, los hombros de la chica aun temblaban de ira.

—¡Lo sabía, eres de lo peor!

Con la punta de la pistola temblando mientras se movía hacia arriba y hacia abajo, ella continuó enojada con Takeshi.

—No se pudo evitar… además…  es la primera vez que me pasa… —Respondió Takeshi, mientras se alejaba de la chica que había perdido los estribos. La chica finalmente dejó de apuntar su arma y lanzándole una mirada de sospecha, formuló una pregunta:

—¿Primera vez?

—Sí… —Respondió Takeshi asintiendo.

A pesar de que seguía desconfiando de Takeshi, la chica comenzó a bajar lentamente su arma. Luego mientras agachaba la cabeza con preocupación, murmuró:

—La verdad es que… en realidad… también fue mi primera vez…

Después de que terminó su declaración en voz baja, las mejillas de la chica se sonrojaron, y la ira se convirtió en vergüenza. Al ver la expresión tímida de ella, Takeshi también se avergonzó.

—Bueno… entonces finjamos que eso nunca pasó…

Ante la propuesta de Takeshi, la chica asistió vigorosamente.

—Sí, estoy de acuerdo… Uun… Uun…

Entonces enfundó su arma en la pistolera que llevaba en la pretina de su falda, y se llevó ambas manos a las mejillas, como si tratara de olvidar algo, con los ojos fuertemente cerrados.

—Por cierto… ¿Cómo te llamas? —Inquirió Takeshi, pues quería llamar a un médico que tratara sus heridas.

—No tengo nombre… —Respondió la chica.

—Aaah, entiendo, no se pide el nombre sin antes dar el tuyo. Pues me llamo Nanase Takeshi, y asisto a primer año en esta academia…



Luego, aunque seguía preocupada, alzó la cabeza para declarar algo:

—Pues yo no pienso decirte mi nombre…

—Entiendo… si tanto deseas permanecer anónima, te llamaré Gonbe-san. Entonces mi compañera de la primera vez es Gonbe-san ¿verdad?

Al escuchar esas palabras, ella recordó lo sucedido y, avergonzada, se aferró fuertemente a su falda desviando la mirada. Pero de repente dijo su nombre:

—Mui… ese es mi nombre… Aiba Mui…

Aliviado por esa respuesta, Takeshi sonrió.

—Bueno… ahora ven aquí para que pueda desinfectar tus…

En ese momento Takeshi notó otra anomalía.

—Qué es eso…

En la parte superior de la habitación, flotaba un brillante polvo brumoso. Era como un tenue resplandor amarillo que flotaba en el aire.

—¿Es humo luminiscente?

Era liviano y esponjoso, se movía de un lado a otro mientras una parte se derramaba frente a él resbalándose por entremedio de sus dedos. Parecía humo real, porque se dispersaba fácilmente cuando él intentaba tocarlo. Incluso aunque no lo tocara, el humo se dispersaba.

—No puede ser… ¿Y ahora qué voy a hacer…? —Murmuró Mui con preocupación, pero la vista de Takeshi estaba enfocada en el aire. Al observar mejor el humo, parecía que este trazaba líneas rectas en donde Mui había disparado, se había formado líneas de vapor. Takeshi se sintió atraído por ellas, pero se desvanecieron como antes, como si intentaran escapar.

—No fue mi intención… —Volvió a murmurar Mui nerviosa mientras negaba con la cabeza.

Mientras seguía el rastro del humo, la vista de Takeshi cambio de lugar y finalmente se dio cuenta de algo.

—Algo salió de tu pistola… tiene un color amarillo pálido…  es como humo brillante…

—Lo siento mucho… en verdad… lo siento mucho…

En ese momento Takeshi supuso que Mui se estaba disculpando por haberle disparado con su arma, sin embargo, podría decirse que la disculpa de Mui tenía un motivo más profundo y encomiable que eso. Un motivo que había surgido a raíz de haberse dado cuenta de que estuvo disparándole con su arma. Takeshi había visto desvanecerse a las brillantes líneas de humo luminiscente, e inesperadamente, descubrió otro punto luminoso detrás de Mui, y entonces inclinó la cabeza con confusión. Dicho punto en lugar de ser del mismo color amarillo que el humo, tenía un color rojizo

—¿Qué es eso? ¿Un insecto…?

Era algo blando que parecía haber venido desde la puerta y se había movido de arriba a abajo y de izquierda a derecha en su camino hacia Mui. Parecía ser similar a una pequeña mosca. Lo raro es que hasta hace un momento, era un humo igual, pero brillando tenuemente de un color bermellón. Atraída por la mirada de Takeshi, Mui se volteó para mirar detrás de ella, y luego, la chica de forma reflexiva puso rígido su cuerpo.

—Es un insecto utilizado para rastrear al enemigo…

En ese momento la voz de Mui parecía tensa.

—Te encontré, ya no puedes escapar…

— ¿A quién encontró? ¿Eh?, ¿quién dijo eso? —Preguntó Takeshi.

Entonces la chica corrió rápidamente hacia él, que se encontraba parado descuidadamente en medio de la habitación.

—Eso no importa… ¡¡Ven aquí, rápido!! —Exclamó Mui.

Debido al tono fuerte de Mui, Takeshi obedeció involuntariamente.  Pero en ese momento, la puerta se abrió bruscamente y dos sombras oscuras se interpusieron en la salida.


Antes de que pudieran ver a alguien, escucharon una voz que les dijo:

—Basta de jugar a las escondidas…

Esa era una voz grave y fría. Entonces, Takeshi observó que Mui, al lado de él, se puso a temblar.

—Nii-san… —Exclamó Mui, y al escuchar eso, Takeshi la volteó a mirar con perplejidad.

—¿Nii-san?

Debido a la luz de fondo, Takeshi no podía ver la cara del sujeto, y solo su sombra era visible, su figura era la de un hombre delgado. Si eso hubiera sido todo, uno bien podría pensar en él como la descripción de cualquier persona que se puede encontrar en cualquier lugar, sin embargo, había algo diferente. De las manos de aquel hombre salía algo que era similar al humo brillante. Pero era más parecido a un gas de color azul claro como el cielo en un día despejado, que se encontraba flotando a la deriva de sus manos.

—Ven acá…

Cuando el hombre entró a la habitación, Mui se aferró rápidamente de la ropa de Takeshi. Por el uso excesivo de la fuerza, el uniforme estaba siendo estirado en ambas direcciones, de tal forma que los hombros de Takeshi casi estaban al descubierto.

—¡NO QUIERO…! —Exclamó, Mui.

Había cierta discrepancia entre lo que decía y el tono de su voz, que parecía frágil. Y mientras tanto, la sombra de aquel hombre seguía acercándose.

—Nii-san, te lo ruego… vuelve a ser el mismo de antes.

Al decir eso, Mui bajó la mirada. En lugar de hablar con aquel hombre directamente, más bien parecía como si estuviera hablando con el piso.

—Nii-san… tú no eres un Trailer…

Mientras tanto, Takeshi solo podía ver la parte superior de la cabeza de Mui, porque ella se encontraba mirando hacia abajo. Aquel hombre alternó su mirada entre ellos dos y luego dijo:

—¿Cuántas veces tengo que decírtelo? Yo no soy tu hermano…

En ese momento Mui levantó la cabeza como si hubiese sido regañada y lloró.

—Nii-san… mi preciado…

Sin embargo, la voz de la chica se fue degradando poco a poco como si se hubiera caído al piso, luego alzó la voz nuevamente:

—Los Trailers han manipulado tu mente, ¿por qué no me crees? Debes encontrarle un significado a mis palabras…

Pero aquel hombre no parecía tener intenciones de hacer caso a lo que ella decía.

—Tsuganashi, esta chica es muy ruidosa…

De pronto, una voz diferente se pronunció desde atrás. Era una sombra más que se encontraba parada en el pasillo al otro lado de la puerta. Una sombra pequeña y delgada, que cuando se acercó al hermano de Mui, parecía aún más pequeña. Por un momento, Takeshi pensó que se trataba de un chico estudiante de primaria…



Era un cuerpo muy delgado, pero con ligeras curvas. Vestía con una sudadera lisa color caqui y shorts azules hasta la altura de las rodillas, su cabello era corto y esponjoso. Se entendía que se trataba de una chica debido a sus ojos grandes y a su tono de voz agudo. Aquellos ojos grades se abrieron mucho cuando echó un vistazo a Mui y a Takeshi, luego se rio. Sin embargo, había una mueca mesclada en su sonrisa.

—Acabemos con esto de una vez y volvamos, este lugar es problemático.

Cuando la chica dijo eso, se aferró al brazo de Tsuganashi. Mui distorsionó su expresión al ver eso. Al mismo tiempo, otros dos hombres ingresaron a la habitación, e inmediatamente Mui se interpuso en el medio y sacó su arma. Al ver eso, Tsuganashi frunció el ceño y dijo unas peligrosas palabras:

—No se puede evitar, tendremos que llevárnosla por la fuerza…

—Claro…

—Entendido…

—De acuerdo…

Las tres personas en secuencia reconocieron sus órdenes. Takeshi no entendía lo que estaba pasando, pero tenía claro que la intención de esos tipos era llevarse a Mui por la fuerza. El tipo de cabello negro era el hermano de Mui, pero, ¿qué hay de los otros tres? En ese momento, un familiar humo brillante se liberó de las cuatro personas frente a sus ojos.

El sujeto al que llamaban Tsuganashi daba completamente la impresión de ser el hermano mayor de Mui; cabello negro y liso, piel blanca y ojos muy parecidos a los de ella, sin embargo, no entendía por qué el alcance de sus acciones llegaba tan lejos como para comportarse de manera tan despiadada con Mui. Lo viera por donde lo viera, esa mirada que tenía no era el tipo de mirada que le mostrarías a tu hermana menor. De pronto, por un segundo, Takeshi pensó en Gekkou. Se preguntaba si Gekkou también lo miraba de la misma manera.

«No, los ojos de este tipo…»

Al verlo, su mirada irradiaba ira y odio. Además, se comportaba de una manera fría y despiadada.

Eran cuatro personas las que habían entrado a la habitación en ese momento. El último de ellos, un hombre muy bien parecido y de buen físico, cerró la puerta tras de él. Mui tiró de Takeshi, y ambos retrocedieron al fondo de la habitación.

 Uno de los dos hombres que acompañaban al hermano de Mui era un tipo alto y de ojos caídos, con un mal gusto para vestir, pues portaba una horrenda camisa con una ameba verde dibujada en ella y unos shorts. Luego estaba el otro que no parecía viejo, pero tampoco tenía la edad de un estudiante: vestía una camiseta negra sin mangas y unos pantalones jeans del mismo color, en cuanto a su estatura, era solo un poco más alto que Takeshi; era fornido, los músculos de sus brazos y pectorales estaban muy bien marcados. Takeshi rápidamente pudo notar que él seguramente practicaba algún tipo de arte marcial; tenía una mirada penetrante y una sonrisa que hacía que su boca se distorsionara. Si alguien se lo encontrara en frente de una tienda de conveniencia con esa apariencia que mostraba, seguramente sería un encuentro muy desagradable y querría salir corriendo lo más rápido posible.

Takeshi seguía sin entender lo que estaba pasando, y sería raro que lo hiciera. El cinturón de cuero de aquel tipo que parecía uno normal, llevaba colgando de sí una funda con una espada envainada en ella.

Takeshi ya había visto espadas reales en varias ocasiones, pero no podía saber con certeza si esa era real o falsa, pero después de observarla detenidamente supo que era real. Además, no era una espada japonesa como las katanas, esa tenía una hoja ancha y curvada (un rasgo clarísimo de una espada occidental).

El hermano de Mui también portaba una funda similar, pero su espada era delgada. Sin embargo, lo más inquietante de todo era ver que esos cuatro que habían entrado a la habitación exhalaban el mismo humo luminoso que Mui, con la particularidad que cada uno tenía un color diferente. La chica portaba un bolso que colgaba de su hombro, el tipo fornido portaba su espada enfundada, y, en cuanto al último, llevaba un portafolio.

 De los tres emanaba humo luminoso de diferente color: verde, blanco y rojo respectivamente. El hermano de Mui exhalaba un humo color celeste desde los guantes blancos en sus manos. Al estar cerca de él, la cara de Mui había alcanzado un estado que iba más allá de lo palidecido. Entonces, su mano se aferró fuertemente de la manga de Takeshi. En esos momentos ella debía calmarse y controlar sus sentimientos. Abrió la boca, pero ninguna palabra salió de ella y mejor permaneció en silencio.

Claramente Takeshi percibió que Mui estaba asustada. Si bien es cierto que Tsuganashi era el hermano mayor de Mui, hasta hace un momento él había declarado que iban a llevársela por la fuerza, eso quería decir que ellos eran enemigos.

Junto al confundido Takeshi, Mui se había quedado mirando directamente a su hermano mayor. Ella no era estúpida, sabía que no tenía posibilidades de salir victoriosa en una batalla contra cuatro personas. Su principal prioridad en ese momento era salir de allí con Takeshi. Sin embargo, Takeshi ya había considerado otra cosa. Antes de que Mui tomara alguna acción, Takeshi la jaló por la fuerza hacia él.

—¡Espera…! ¿Qué haces?

Takeshi comenzó a correr hacia la ventana ubicada en la parte trasera mientras tiraba de la mano de Mui, la cual seguía sorprendida por la repentina acción que él había tomado.

—¡No discutas conmigo…! —exclamó Takeshi.

Entonces ella entendió la intención que él tenía. La puerta no estaba disponible como vía de escape debido a que ellos la habían bloqueado, así que la idea era escapar por la ventana. La enfermería quedaba en el primer piso, por lo que salir por la ventana no sería un problema, pero Mui sabía que no sería tan sencillo. Y efectivamente, en ese momento, Tsuganashi desenvainó su espada y giró el filo hacia ellos. Takeshi no vio nada, sin embargo, en el momento justo que tocó la ventana para abrirla, sintió un dolor agudo que recorrió las yemas de sus dedos como una corriente. Inmediatamente la soltó, pero la punta de su dedo medio e índice en su mano derecha se habían enrojecido.

— ¡Mira…! —Indicó Mui a Takeshi.

Fue entonces cuando Takeshi se dio cuenta de lo que pasó: los bordes exteriores del marco de la ventana habían sido cubiertos por una gruesa capa de hielo.

—¿Qué está pasando?

Como había tocado el hielo sintió un dolor frio. En ese momento Takeshi se había puesto a temblar, pero Mui se dio la vuelta y los encaró:

—Nii-san… si comentes un error perderás tu poder mágico…

Los tres que acompañaban a su hermano se echaron a reír menos él. Y mientras envainaba de nuevo su espada respondió con seriedad:

—No los estaba atacando, los estaba atrapando…

Mientras Mui realizaba ese intercambio de palabras, Takeshi se había quedado mirando la ventana, completamente atónito. Aceptaba el hecho de que saliera humo luminoso de la pistola y la espada, pero lo que acababa de ver era algo completamente diferente, era algo completamente imposible.

—¿Qu… qué demonios hicieron? —Preguntó Takeshi consternado, con una voz temblorosa. Luego gritó:

—¡Voy a llamar a alguien!

Aunque era vergonzoso, Takeshi sintió que hacer eso era necesario. Pero él sabía perfectamente que de nada serviría pedir ayuda, ya que nadie respondería inmediatamente. Aun así, debía mantener la farsa a toda costa.

—Tsuganashi, déjame manejar esto…

El hombre fornido y de mirada siniestra dio un paso al frente. Y luego agregó:

—Si capturo a ese tipo… Aiba Mui ya no podrá escapar.

Mientras hablaba sostenía la empuñadura de su espada envainada.

—Está bien, pero no uses magia… —Respondió Tsuganashi.

«¿Magia?» —Se preguntó Takeshi al escuchar lo que Tsuganashi acababa de decir—, «Tengo la sensación de que eso es lo que acabo de escuchar, pero… ¿habrá sido mi imaginación?».

Ciertamente hasta hace poco a la ventana le había pasado nada extraño, aun así, Takeshi todavía pensaba que todo tenía una explicación lógica. La ciencia era lo único que se le ocurría, sin embargo, no había nadie que contestara a sus dudas. Muy por el contrario, no parecía tener sentido comenzar a hacer preguntas. Y mientras tanto, al tipo de la mirada siniestra, se le había permitido tomar acciones, así que había comenzado a moverse al centro de la habitación mientras sujetaba su espada, con Takeshi en su línea de visión.

Takeshi tenía que hacer algo para llamar la atención de aquel tipo mientras pensaba otra forma de escapar.

En ese momento, el sol se reflejó sobre una herramienta de limpieza que se había quedado fuera de la bodega. No había tiempo para pensar, así que Takeshi enseguida caminó varios pasos hacia un lado y tomo la escoba que estaba reclinada sobre la pared. Usando su pie, rompió la parte de paja a la fuerza y se quedó solo con el mango de madera. Hizo algunas maniobras con él para asegurarse que su cuerpo tuviera liberta de movimiento. Una vez hecho eso, el mango de la escoba se había convertido en un arma larga con forma de barra.

—No tengo idea de lo que está pasando, pero lo que si tengo claro es que ustedes son los malos… —Declaró Takeshi.

En el momento en que Takeshi adoptó una postura de combate, aquel hombre ya no vio aquello como una escoba, sino como una verdadera arma.

—…….

—…….

Takeshi y el otro sujeto se miraron el uno al otro por un rato mientras sus expresiones parecían imperturbables. En los ojos de aquel tipo apareció un brillo que denotaba interés, y luego sonrió ampliamente.

—Huuhh… qué interesante. —Murmuró.

Su expresión se volvió más brutal, y luego se echó a reír. Mui, quien estaba parada al lado de Takeshi, veía como se ponía cada vez más incómodo, pero entonces se le ocurrió una idea:

—¿Crees poder detenerlo y ganarme algo de tiempo? Voy a intentar abrir la ventana…

Aunque el hielo había cubierto por completo la ventana, Mui pensó que tal vez era posible y podría romperlo de una manera u otra. Takeshi solo pudo asentir con la cabeza, pues no había de otra ya que el tipo había desenvainado su espada y se estaba aproximando enérgicamente hacia ellos. Takeshi podía ver un brillo desagradable en esa espada desenvainada.

Ciertamente tenía una gran diferencia con las katanas, y es que se podía ver que su hoja gruesa era de doble filo, claramente un objeto pensado para asesinar personas y no solo para golpearlos. Era una espada absurdamente grande, y a simple vista se podía calcular que pesaba unos dos kilogramos, pero el hombre solo usaba una mano para empuñarla.

 En ese momento vio cuando el tipo blandió su espada realizado un ataque aéreo, pero Takeshi bloqueó el ataque con el palo de la escoba que hizo resonar la hoja de la espada, y luego comenzó a partirse. Era más que obvio el resultado de chocar una espada contra un palo de bambú, pero, por más extraño que pareciera, el palo no se había partido en dos, era una suerte que consiguiera resistir el ataque.

Entonces Takeshi flexionó sus piernas y retrocedió. Inmediatamente, aquel tipo que ya había fijado su objetivo a medio camino, comenzó a empujar. Habiendo bloqueado en diagonal, a pesar de que la espada era más larga que el palo de escoba, Takeshi comenzó a contrarrestar el empuje con todas sus fuerzas. Sin embargo, eso no fue muy efectivo y solo logró hacerlo tambalear un poco.

—Fuu… eso no se ve bien… —comentó el otro hombre que era su compañero, el cual estaba mirando desde la puerta— es la primera vez que veo a Oigami ser presionado.

En ese momento, su furia se encendió cuando fue golpeado con el palo de la escoba. Realmente no tenía la intención de cortar, pero su mano había sido golpeada para desviar la trayectoria de su ataque. Takeshi notó ese cambio, pero parece que su amigo no.

—¡¡¡Toma…!!!

Oigami dio un gran paso hacia adelante, y lanzó un nuevo ataque con su espada hacia Takeshi, quien sostuvo firmemente el palo de la escoba. Luego observó la trayectoria del golpe que traía la espada, y cuando la punta del palo fue golpeada, un enorme rugido como el de un rayo resonó.

—¿Qué?

La expresión de aquel tipo se había convertido en conmoción, pero la mano de Takeshi no soltó el palo de la escoba en ningún momento. El palo de la escoba se haba dividido en dos secciones, pero los bordes cortados de la escoba brillaban con un color plateado.

—¿Qué demonios fue lo que hiciste?

El hombre intentó remover su espada, sin embargo, había sido fuertemente atrapada entre las astillas del palo y no podía ser removida. Takeshi retrocedió y buscó a su alrededor a ver si había algo más que pudiera usar como arma, pero por supuesto, nunca es tan conveniente. Luego miró a Mui, quien había disparado su arma hacia la ventana, sin embargo, los clásicos disparos que se escuchaban como en la tele nunca sonaron.

Un vivo color amarillo había salido desde la boca del cañón y golpeó la ventana, pero apenas le hacía abolladuras al hielo. Parecía como si solo llegase a estar cerca de lograrlo. Takeshi entonces arrojó el palo de la escoba a la basura después de que se separó de la espada, luego corrió al mismo lugar donde encontró la escoba y sacó un trapeador. A diferencia de la escoba, el mango del trapeador estaba hecho de plástico. No podía esperar mucho del aguante del plástico, pero estaba en una situación en la que no podía quejarse.

 Takeshi le dio la espalda al casillero de limpieza, y en un abrir y cerrar de ojos, usó el mango de plástico para bloquear el filo de la espada. El tipo, que había llegado por detrás, usó todas sus fuerzas para inclinarse hacia adelante y presionar hacia Takeshi desde una parte más elevada. Sus caras ya estaban lo bastante cerca como para sentir la respiración pesada el uno del otro. El tipo no pensaba ponerlo fácil, e inmediatamente después de retirarse, arremetió nuevamente con todas sus fuerzas.

En el instante siguiente, una escena confusa se cruzó por la mente de Takeshi como una visión. En ella, movía sus manos que sujetaban el trapeador hasta un punto en donde recibió y evitó el ataque de aquel sujeto. Sin embargo, Takeshi sabía que ya era demasiado tarde para hacer eso, y hubiera sido fácil esquivarlo si su postura hubiera sido otra. Pero luego se mostró otra escena, una que convenció a Takeshi de realizar una maniobra.

Aunque Takeshi pudo repeler el siguiente ataque que venía, el palo de plástico se dividió de la parte con la que golpeó la parte posterior de la mano de aquel sujeto, y antes de que Takeshi oyera al tipo gemir, descartó el trapeador. Aquel tipo ya no estaba armado, había soltado su arma y había caído al suelo. Entonces, Takeshi recogió rápidamente la pesada espada y luego gritó a Mui:

—¡¡Mui, agáchate!!

Mui volteó a mirar cuando escuchó la voz de Takeshi, y cuando vio la espada en su mano, se agachó instintivamente. Entonces, Takeshi arrojó la espada hacia la ventana que había sido congelada, el hielo y el vidrio se rompieron al mismo tiempo y todas las piezas cayeron en avalancha, e inmediatamente Mui saltó a través del marco. Los dos escaparon saltando por la ventana, hacia aquel día de verano como si hubieran atravesado un portal hacia otro mundo. Y mientras corrían, Takeshi miró hacia atrás y siguió corriendo.


Los cuatro magos aun no habían salido de la habitación.

—¿No los vamos a perseguir? —Preguntó Ushiwaka, la persona que había manipulado al insecto rastreador. Entonces Hotaru, la única chica en el grupo comentó de mala gana:

—Ese chico también era un mago, ¿cierto?

Los cuatro se habían dado cuenta de ese hecho sobre Takeshi, y de no ser así, habría sido muy extraño. Era simplemente imposible para un ser humano normal contrarrestar los ataques de espada de Oigami Takao. Aún si vestía un uniforme de kendo y asumiendo que era muy talentoso, su maniobra había trascendido más allá de los límites de un humano ordinario. Él no debería haber sabido como contrarrestar los ataques.

—Ushiwaka, usa tu mosca para encontrarlos. —Ordenó Tsuganashi a Ushiwaka, en lugar de contestar la pregunta de Hotaru. Convertir a una persona ordinaria en un mago era un asunto serio, pero haber dejado que escaparan era aun peor.

—De acuerdo…

Asintiendo con la cabeza, Ushiwaka colocó su portafolio en el suelo, y sacó una caja de adentro.

—Por cierto, quizás sea mejor que no utilice moscas, ¿no creen? Son mejores las mariposas. Las moscas tienen un alcance muy limitado, y esos dos probablemente ya se alejaron bastante. En ese caso estos insectos nos serán de utilidad en esta búsqueda de larga distancia.

—Haz lo que quieras…

Al escuchar la respuesta de Tsuganashi, Ushikawa sonrió levemente.

—En ese caso, como hoy hace un buen día, usaré una “cometa negra”* este tipo de mariposa será un buen rival para Aiba Mui.


En ese momento, cuando Hotaru escuchó eso, se abrazó los hombros y gritó:

—Uwaa… qué asco…

Con una verdadera sensación de desagrado desde el fondo de su corazón, Hotaru no pudo evitar hacer una mueca y dijo:

—De verdad que eres desagradable…

—Tranquila, ni siquiera tengo interés en ti como mujer. Las únicas que me interesan, son las que son verdaderamente radiantes. —Explicó Ushiwaka, sin siquiera levantar la mirada.

—¿Quieres pelear, eso quieres? Porque si es así, yo te daré una buena pelea…

En ese momento el bolso que Hotaru llevaba comenzó a hincharse, pero Tsuganashi sujetó su bolsa y dijo:

—Basta, Hotaru…

—Pero, es que…

En ese momento, Hotaru se sujetó al brazo de Tsuganashi y comenzó a protestar, pero fue interrumpida por la voz de Oigami Takao.  Al mismo tiempo, el único escritorio en el interior de la habitación había sido partido por la mitad, y mientras, su espada había quedado tirada bajo de la ventana. Cuando quitó su puño del escritorio, Oigami miró a Tsuganashi:

—Esa fue una habilidad de Magia Evasiva…

Oigami se encontraba rechinando los dientes con irritación. Hotaru lo ridiculizaba, mientras se mantenía aferrada al brazo de Tsuganashi.

—Sí, él posee la misma habilidad de Magia Evasiva que tú. Si no hubiese sido así, eso explica el porqué fue capaz de evitar tus ataques, pero no sabemos qué tipo de persona es…

Oigami se sentía resentido, pero lentamente comenzó a sonreír ampliamente. Era una sonrisa malvada que haría temblar de miedo a cualquiera. Cuando Hotaru lo vio, apretó más fuerte el brazo de Tsuganashi.

—Por cierto, ¿te has dado cuenta de que estamos en una escuela?

—Eso parece…

Tras la aclaración de Hotaru, Tsuganashi se giró sobre sus talones.

—Lamentamos la intromisión, nos vamos…

—Sí…

Mirando hacia atrás en la habitación una vez más, Oigami recogió su espada y la enfundó, y mientras salía, volteó a mirar la escoba rota. Su espada había partido la escoba de forma vertical dejando expuesto su núcleo con mucha precisión, pero cuando lo hizo, las pupilas de Takeshi eran de color negro. Sin embargo, cuando arrojó la espada a la ventana, sus pupilas habían cambiado a un color morado oscuro muy similar al del crepúsculo.

Dicho de otra forma: cuando invocó sus habilidades de Magia Evasiva, sus pupilas cambiaron a un color purpura, sin embargo, era arriesgado mostrar el momento en que se activa la magia. Pero él era solo un humano ordinario. Y así, mientras salía de la habitación de la enfermería, Oigami sofocó una carcajada, porque debido a ese acontecimiento, llegó a pensar que capturar a Aiba Mui sería mucho más fácil a pesar de la interferencia del nuevo mago, y le había entrado un fuerte deseo de encontrarse de nuevo con ellos lo más rápido posible, pues tenía la firme convicción de que, si volvían a enfrentarse, esta vez saldría victorioso.


Written By

orenohonyaku

Traductor japonés-español.